Lo primero es diagnosticar en forma acertada

Las medidas reclamadas como respuesta impulsiva ante una situación o un hecho concreto, suelen ser parciales, erradas y poco pensadas. Cuando reclamamos más policías como solución al problema de violencia o la inseguridad que nos afecta.
Cuando se reclaman más policías entendiendo que puede ser la forma de enfrentar y eliminar o disminuir al menos la delincuencia, creemos que se está errando.
No dudamos que la incorporación de más policías puede ayudar, favorecer, pero como se ha dicho, ni siquiera poniendo un policía en cada hogar solucionaríamos el tema de fondo. Creemos que más importante que aumentar el número de policías de por sí no soluciona el problema. Lo más importante -pero que tampoco es una solución de fondo- es la preparación, la capacitación y sobretodo la adhesión del policía a su tarea específica.
Tampoco las penas más duras, como la cadena perpetua revisable, como se propone y ni siquiera la incorporación de los militares a las tareas represivas, de por sí solo significan una solución.
Somos partidarios de autorizar allanamientos nocturnos, durante determinado tiempo, debidamente controlados y asumidos porque estamos hablando de uno de los derechos “inviolables” como es el hogar familiar.
En estas columnas hemos expuesto nuestra posición contraria a la incorporación de los militares a las tareas represivas porque sencillamente creemos que no es tarea de los militares y quienes tenemos unos años más, sabemos la situación vivida en los doce años oscuros en que fueron conculcados todos los derechos ciudadanos.
Existen dos elementos fundamentales en esto. Lo primero es combatir a fondo el tráfico y consumo de drogas y para ello es necesario encarar a fondo el combate a la corrupción, porque estamos convencidos que si la droga no contara con algunas puertas abiertas no podría tener la difusión que tiene.
El segundo elemento a combatir con la máxima severidad es el porte y tráfico de armas de fuego.
El combate a estos dos elementos requiere de la actualización de leyes, del “aggiornamiento” para poder encarar la tarea al menos en las mismas condiciones de la delincuencia.
Hoy en las actuales circunstancias, los delincuentes saben que si no son detenidos “in fraganti”, vale decir, en momentos en que están cometiendo el delito, difícilmente puedan ser inculpados.
Queda toda la convicción de que las leyes “protegen” a los delincuentes y no así a quienes los combaten. Por lo tanto si se quiere combatir con mayor éxito al delito hay que partir de un diagnóstico acertado.
Alberto Rodríguez Díaz







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