Lo que no se ve

En materia de periodismo informativo, existen algunos elementos esenciales a tener en cuenta.
En primer lugar, “lo que se ve”, el “hecho” en sí, la información directa.
Si habláramos de un accidente (¿o siniestro?) de tránsito, por ejemplo, cuál fue el resultado, qué vehículos participaron, dónde fue y demás elementos “palpables”, diríamos.
El segundo elemento tan importante como el primero, es el que habitualmente no se ve, pero es tan comprobable como aquel y está referido al contexto en que se originan los hechos.
Vayamos a hechos reales. Reiteradamente los medios de comunicación han alertado de la locura que es el tránsito de los denominados “delivery” o repartidores de mercaderías, en especial de alimentos, a quienes se les abona de acuerdo a la cantidad de entregas realizadas.
Algo similar sucede con los conductores de ómnibus de algunas líneas interdepartamentales. Se les abona por cantidad de kilómetros recorridos y por lo tanto, es frecuente que éstos consuman pastillas y alguna otra cosa para mantenerse despiertos, con el riesgo que esto conlleva,
Pero no sólo de estos, sino también de los taxis y de repartidores de otro tipo de productos.
Todo el mundo anda rápido, alocadamente. Si contabilizáramos los accidentes en los que participan los delivery, por ejemplo estamos seguros que es un  número alto y además, por lo general las consecuencias son de gravedad.
Ahora bien, ¿por qué tanta locura, tanta premura en la circulación de estas motos y de los taxímetros mismos?
Es que habitualmente los empujamos a ello, con nuestra impaciencia. Cada vez que pedimos un alimento preparado, una pizza, o similares, las queremos “ya”, si demora no lo quiero.
No tenemos en cuenta las consecuencias que puede acarrear esta conducta.
Es más aún, profundizando un poco más, nos encontraremos que también hay un afán de competencia entre las distintas empresas del rubro. Empujados por el rendimiento económico procuran ser cada vez más rápidas y entregar cuanto antes los pedidos, aún con menos distribuidores, porque la demora es un elemento de mayor incidencia que la calidad del producto.
Si tuviéramos la debida conciencia social, deberíamos de cambiar los hábitos, de advertirle al empresario que no se trata de  llegar “volando” o arriesgarse a no llegar nunca.
Aún cuando debiera poner más gente en el reparto y por allí cobrar más caro que la competencia, un consumidor responsable y consciente que es parte del tema, debería tener en cuenta específicamente estos aspectos, premiando la responsabilidad y la prudencia por encima de lo demás.
Algún día tendremos que entender, para decirlo con términos futboleros, que nosotros también estamos dentro del terreno de juego en este partido.

En materia de periodismo informativo, existen algunos elementos esenciales a tener en cuenta.

En primer lugar, “lo que se ve”, el “hecho” en sí, la información directa.

Si habláramos de un accidente (¿o siniestro?) de tránsito, por ejemplo, cuál fue el resultado, qué vehículos participaron, dónde fue y demás elementos “palpables”, diríamos.

El segundo elemento tan importante como el primero, es el que habitualmente no se ve, pero es tan comprobable como aquel y está referido al contexto en que se originan los hechos.

Vayamos a hechos reales. Reiteradamente los medios de comunicación han alertado de la locura que es el tránsito de los denominados “delivery” o repartidores de mercaderías, en especial de alimentos, a quienes se les abona de acuerdo a la cantidad de entregas realizadas.

Algo similar sucede con los conductores de ómnibus de algunas líneas interdepartamentales. Se les abona por cantidad de kilómetros recorridos y por lo tanto, es frecuente que éstos consuman pastillas y alguna otra cosa para mantenerse despiertos, con el riesgo que esto conlleva,

Pero no sólo de estos, sino también de los taxis y de repartidores de otro tipo de productos.

Todo el mundo anda rápido, alocadamente. Si contabilizáramos los accidentes en los que participan los delivery, por ejemplo estamos seguros que es un  número alto y además, por lo general las consecuencias son de gravedad.

Ahora bien, ¿por qué tanta locura, tanta premura en la circulación de estas motos y de los taxímetros mismos?

Es que habitualmente los empujamos a ello, con nuestra impaciencia. Cada vez que pedimos un alimento preparado, una pizza, o similares, las queremos “ya”, si demora no lo quiero.

No tenemos en cuenta las consecuencias que puede acarrear esta conducta.

Es más aún, profundizando un poco más, nos encontraremos que también hay un afán de competencia entre las distintas empresas del rubro. Empujados por el rendimiento económico procuran ser cada vez más rápidas y entregar cuanto antes los pedidos, aún con menos distribuidores, porque la demora es un elemento de mayor incidencia que la calidad del producto.

Si tuviéramos la debida conciencia social, deberíamos de cambiar los hábitos, de advertirle al empresario que no se trata de  llegar “volando” o arriesgarse a no llegar nunca.

Aún cuando debiera poner más gente en el reparto y por allí cobrar más caro que la competencia, un consumidor responsable y consciente que es parte del tema, debería tener en cuenta específicamente estos aspectos, premiando la responsabilidad y la prudencia por encima de lo demás.

Algún día tendremos que entender, para decirlo con términos futboleros, que nosotros también estamos dentro del terreno de juego en este partido.