Lo que se viene

EEclipsados por las fiestas tradicionales los preparativos para las elecciones departamentales y municipales del año próximo han pasado casi desapercibidos. Posteriormente a las fiestas vendrá el tradicional receso del verano uruguayo, en que la actividad se “adormece” en todos lados, aunque no haya asuetos especiales. Es que los uruguayos acostumbramos a realizar la licencia anual en esta época y por lo tanto prácticamente toda actividad se ve resentida. En definitiva, como reza el dicho popular “el año comienza después que llega el último ciclista de la Vuelta del Uruguay” (el domingo de Pascua).
Teniendo en cuenta estos aspectos, lo real y concreto es que las campañas para las elecciones municipales, al menos en su tramo de mayor intensidad se desarrollarán después del 6 de abril y terminarán el 8 de mayo, dado que los comicios departamentales y municipales serán el domingo 10 de mayo.
Esta es la última etapa del sistema electoral nacional, que se inició casi un año atrás con las elecciones internas y que será puesto en práctica por segunda vez, con la elección de los 19 Intendentes,casi 600 ediles, 112 alcaldes y 448 concejales en todo el país.
Quizás un mes de campaña es tiempo suficiente para exponer planes y proyectos y para realizar las tradicionales recorridas de los candidatos de cada partido, pero aún así no vemos la necesidad de prohibir el voto cruzado, para separar la elección nacional de la departamental. Bastaría con habilitar aquel, para ahorrar tiempo y dinero en una segunda elección, aunque claro está, esto chocaría con el incipiente caudillismo regional, que evidentemente está surgiendo como consecuencia de esta separación de las elecciones.
Pensar que la elección nacional puede ser determinante para la departamental, incidiendo directamente en la voluntad del votante es – a nuestro entender – menospreciar la capacidad del elector para expresar libremente las opciones que mas le agraden.
Seguramente que quien o quienes optan por mantener la separación de las elecciones están convencidos de la incidencia que tendrían las elecciones nacionales sobre las departamentales, que realizándose en f orma separada han mostrado resultados muy diferentes a las nacionales en cada departamento.
Quienes se oponen a revisar el sistema electoral alegan que no es recomendable “cambiar de caballo en medio de la correntada” y es probable que les asista razón, pero usando la misma alegoría diríamos que luego de llegar a la costa necesariamente deberíamos de revisar la situación, porque si podemos evitar la correntada cuanto mejor.

Eclipsados por las fiestas tradicionales los preparativos para las elecciones departamentales y municipales del año próximo han pasado casi desapercibidos. Posteriormente a las fiestas vendrá el tradicional receso del verano uruguayo, en que la actividad se “adormece” en todos lados, aunque no haya asuetos especiales. Es que los uruguayos acostumbramos a realizar la licencia anual en esta época y por lo tanto prácticamente toda actividad se ve resentida. En definitiva, como reza el dicho popular “el año comienza después que llega el último ciclista de la Vuelta del Uruguay” (el domingo de Pascua).

Teniendo en cuenta estos aspectos, lo real y concreto es que las campañas para las elecciones municipales, al menos en su tramo de mayor intensidad se desarrollarán después del 6 de abril y terminarán el 8 de mayo, dado que los comicios departamentales y municipales serán el domingo 10 de mayo.

Esta es la última etapa del sistema electoral nacional, que se inició casi un año atrás con las elecciones internas y que será puesto en práctica por segunda vez, con la elección de los 19 Intendentes,casi 600 ediles, 112 alcaldes y 448 concejales en todo el país.

Quizás un mes de campaña es tiempo suficiente para exponer planes y proyectos y para realizar las tradicionales recorridas de los candidatos de cada partido, pero aún así no vemos la necesidad de prohibir el voto cruzado, para separar la elección nacional de la departamental. Bastaría con habilitar aquel, para ahorrar tiempo y dinero en una segunda elección, aunque claro está, esto chocaría con el incipiente caudillismo regional, que evidentemente está surgiendo como consecuencia de esta separación de las elecciones.

Pensar que la elección nacional puede ser determinante para la departamental, incidiendo directamente en la voluntad del votante es – a nuestro entender – menospreciar la capacidad del elector para expresar libremente las opciones que mas le agraden.

Seguramente que quien o quienes optan por mantener la separación de las elecciones están convencidos de la incidencia que tendrían las elecciones nacionales sobre las departamentales, que realizándose en f orma separada han mostrado resultados muy diferentes a las nacionales en cada departamento.

Quienes se oponen a revisar el sistema electoral alegan que no es recomendable “cambiar de caballo en medio de la correntada” y es probable que les asista razón, pero usando la misma alegoría diríamos que luego de llegar a la costa necesariamente deberíamos de revisar la situación, porque si podemos evitar la correntada cuanto mejor.







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