Lo que temíamos está sucediendo

En los últimos días ha habido más de un episodio de “autodefensa”, en que jefes de familias o sencillamente el propietario de una finca o un comercio, al ser víctima de un intento de robo, la emprende a balazos y mata a quien intenta robarle.
Cada vez es más alto el número de estos hechos. Cada vez es más alta también la cifra de comerciantes y ciudadanos en general que opta por armarse para defenderse.
En los últimos meses hubo cinco casos en los que resultaron muertos seis frustrados asaltantes. Quienes apretaron el gatillo salieron en libertad a lo sumo pocos días después, generando otra polémica.
Esto habla de un problema sin resolver. El sistema uruguayo, entendiendo por éste, la Policía, la Justicia, la propia comunidad no ha sido capaz de hallar una solución adecuada al tema de la delincuencia.
Hay esfuerzos aislados y los que vemos es que según el interés de cada uno es lo que se ve, se interpreta y se hace.
Cuando se trata de enfrentar el tema de la minoridad, jamás nos ponemos de acuerdo. Hay iniciativas que apuntan a bajar la edad para imputarles, hay otras que se oponen tajantemente a este alcance.
INAU entiende que la prensa “infla” las cosas, mientras que muchos ciudadanos viven a diario el drama de los niños y adolescentes que no sólo roban o arrebatan, sino que andan armados y tiran.
Quizás se diga que exageramos. Quizás se entienda que responsabilizamos a “los niños” de nuestros propios errores. Es probable, pero de la misma manera deberían reconocer que sufrir un robo o lo que es peor un asalto a mano armada, a veces con muertes de por medio, es mucho peor que correr el riesgo de dar a estos adolescentes una pena exagerada o un trato que algunos entienden que no corresponde.
Nos guste o no y Salto no es una isla, en materia de seguridad existe un gran déficit. Sin duda que es cierto que no se puede considerar que el índice delictivo y la gravedad de los delitos que se registran en nuestra ciudad sea el mismo que existe en otros puntos del país, sobre todo en el Este, pero también es cierto que vamos hacia eso.
No pretendemos que “se les corte los dedos a los delincuentes”, como lamentablemente se hace aún en algunos países. Tampoco pretendemos atormentar a nadie, pero sí reconocer debidamente que si los menores y algunos jóvenes que delinquen tienen derechos, también los tiene el resto de la ciudadanía, cosa que parece haberse olvidado.
Por este camino, era casi inevitable que se planteara la situación que se está planteando, porque lo que temíamos, está sucediendo, ante la ineficiencia de la ley y la razón, se ha dado paso a las balas y la sinrazón de la violencia sin límites.