Los animales sueltos, una gran responsabilidad

Los animales sueltos en la vía pública constituyen no sólo una irresponsabilidad, sino una conducta que puede llegar a ser criminal.
Es igual que sea un caballo (lo más frecuente en las rutas) o un perro, el animal que más frecuentemente se ve en las calles de la ciudad o una vaca en los caminos rurales o las rutas.
Muchas veces la situación se da por irresponsabilidad de los propietarios que no toman las debidas precauciones para que los animales se mantengan fuera de estos lugares y otras veces lisa y llanamente por negligencia, dado que se considera que los animales se manejarán diferente y no se atiende a la posibilidad de que no sea así.
Esto si, desconocer los imprevistos, vale decir que el animal se asuste o que “se motive” inesperadamente, por ejemplo cuando ante un perro aparece un gato, generalmente el animal más “odiado” por los canes que en estos casos no reparan en riesgo alguno con tal de alcanzar su presa.
Pero en estas situaciones generalmente corremos el riesgo de “culpar” a los animales, cuando es claro que la irresponsabilidad o la culpa no es de ellos, sino de sus dueños, que ante hechos graves nunca aparecen.
Diferente es la situación de las jaurías de perros supuestamente “cimarrones” que atacan y son capaces de diezmar una majada entera.
De acuerdo a lo que se ha manejado en las últimas horas, la mayoría de estos perros feroces no son “cimarrones” precisamente, ni salvajes, tampoco sin dueños.
Se trata de perros de estancias vecinas, los que son capaces de “oler” a un kilómetro de distancia a una perra en celo. Estas jaurías esporádicas son las más dañinas, debido a que atacan y dañan todo a su paso.
Ni que hablar si el animal llega a contraer leishmaniasis, una temible enfermedad presente en nuestra región y prácticamente incurable que hoy hasta por ley requiere sacrificar al animal.
Todos estos ejemplos sirven para señalar la enorme responsabilidad que constituye la tenencia de un animal y sobre todo de un perro. La mayoría de
sus propietarios lo toma como una mascota, una compañía y hasta un bello
adorno, cuando en realidad se trata de un integrante más de la familia, un ser viviente que tiene sus necesidades y requiere de cuidados y dedicación como cualquier otro.
Esto que parece tan simple y sencillo, lamentablemente es muy difícil de asumir.
A.R.D.  







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