Los complejos caminos de la integración

La integración regional al menos para el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) se presenta más dificultosa de lo que se esperaba.
En buen romance, hasta el presente el MERCOSUR no ha funcionado como se esperaba, vale decir, asumiendo un camino común que sea beneficioso para todos.
A las pruebas nos remitimos. Uruguay se halla en un momento de relaciones complicadas con Argentina y nos atrevemos a decir tan difíciles o más que veinte años atrás cuando se consolidaba la integración regional.
Es que paulatinamente las medidas del vecino país han apuntado directamente a perjudicar los intereses uruguayos.
Hoy se conocen los pormenores del proyecto argentino de construir un puerto frente a Nueva Palmira y una vía navegable paralela a la costa argentina que conducirá las cargas que hoy reciben los puertos uruguayos hacia Buenos Aires, acarreando graves perjuicios para estos.
Esta medida se agrega a todas las anteriores, es decir, a las comerciales que aún sin admitirse directamente han perjudicado una y otra vez a la industria uruguaya, a las paulatinas en materia de acogotar el turismo hacia nuestro país, a las que dificultan los vuelos de compañías con escala en Montevideo y así podríamos seguir enumerando.
Nadie ignora la imporetancia que sigue teniendo Argentina para nuestro país en materia de intereses comerciales, el turismo argentino sigue estando a la cabeza de la procedencia de visitantes al Uruguay, como también lo son los uruguayos para el turismo hacia Buenos Aires al menos.
No se puede condenar la idea de defender y maximizar los intereses nacionales de un país, en este caso de la Argentina, porque está dentro de sus derechos, pero tampoco es posible ignorar los perjuicios que una y otra vez provocan las medidas proyectadas por Argentina a nuestro país.
Debe reconocerse que un país que paulatinamente perjudica a sus vecinos no va por buen camino en lo que se refiere a la integración regional precisamente.
Argentina nos ha calificado como “el enano chillón” del MERCOSUR, pero sin asumir que muchas veces los “chillidos” están debidamente justificados, cuando se nos perjudica una y otra vez sin tener en cuenta los intereses comerciales y económicos de la región.
En algún momento habrá que sopesar debidamente el alcance de la integración, porque como se ha dicho y bien dicho “los países no tienen amigos, sino que tienen intereses”, las actitudes de Argentina lo ratifican plenamente.