Los fanatismos nunca fueron buenos

El mundo asiste a una terrorista que nadie sabe dónde terminará, si es que algún día termina. La vida de un ser humano, ya sea un niño, un anciano, una mujer o un varón no tiene valor alguno para quienes profesan la violencia.
Hoy se considera que cualquier motivo es bueno para asesinar. La ambición humana ha llegado a un punto tal que no tiene límites. Las guerras más sangrientas, las decapitaciones, las bombas y las balaceras están a la orden del día.
Seguramente lo más importante si queremos detener esa barbarie es hurgar en los motivos que llevan a quienes así obran a manejarse con esta violencia demencial. Quienes están inmersos en ella a menudo consideran que todo quien no está con ellos está contra ellos y esto no hace más que aumentar la ola de violencia.
Días atrás asistimos al asesinato por parte de un joven soldado israelí de un atacante palestino que se hallaba herido y tendido en el suelo cuando el joven soldado le dispara a la cabeza.
El estado israelí condenó al soldado israelí por homicidio, pero las encuestas de opinión conocidas indican que la mitad del pueblo judío al menos consideraba que no se debía condenar al joven soldado.
Ahora se produce un terrible atentado de un palestino que conduciendo un camión mató a cuatros soldados (tres mujeres y un varón) y dejó 17 heridos. Otro hecho tan repugnante como aquel que merece también una enérgica condena.
En esta situación, el gobierno de Tabaré Vázquez emitió la siguiente condena: «La República Oriental del Uruguay expresa su más enérgica condena al atentado terrorista perpetrado el día 8 de enero de 2017 en la ciudad de Jerusalén, el cual cobró la vida de 4 personas e hirió a otras 17″, dice el texto oficial.
En ese sentido el comunicado reiteró la «solidaridad con Israel, su población y los familiares de las víctimas», y manifestó el «firme compromiso» con el proceso de paz en Medio Oriente. «Repudio a estas prácticas terroristas que, además de ser violatorias de los principios más fundamentales del Derecho Internacional», señala el texto y agrega que ese tipo de prácticas no contribuyen a la búsqueda de una solución pacífica y negociada entre los involucrados.
Sin embargo las palabras del gobierno no fueron suficientes para la comunidad israelita uruguaya. El Comité Central Israelita del Uruguay (CCIU) emitió un comunicado en duros términos y remarca que no alcanza con expresiones públicas, sino que en estos momentos son centrales las acciones.
En lo personal entendemos que las radicalizaciones no sirven porque sólo traen más violencia. Entendemos que Uruguay ha estado en la senda correcta, la violencia debe condenarse venga de donde venga y en todos los casos por igual.
No nos parece justo que se acuse a Uruguay, como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, de “promover” la violencia. Tampoco de pretender que se “mire con un solo ojo”, porque es justo condenar a todo hecho de violencia, venga de donde venga.
Alberto Rodríguez Díaz