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Los libres del mundo te reverencian…

E cualquier amante de la libertad y defensor de los Derechos Humanos,  el homenaje realizado por el parlamento nacional argentino al juez, español, Dr. Baltasar Garzón, debió emocionarlo hasta los tuétanos.
Ver al parlamento íntegro ponerse de pie ante la presencia de Garzón, mientras la presidenta Cristina Fernández le agradecía su actuación en referencia a la persecución y enjuiciamiento a los violadores de los DD.HH. a quienes en buen número supo poner en prisión.
Seguramente un reconocimiento que cabe.
Como hemos señalado en estas columnas la situación del Dr. Garzón, sancionado en su patria con una inhabilitación de once años para ejercer la Justicia, resulta por lo  menos muy llamativa.
Aún considerando que la sanción puede ser ajustada a derecho,  lo llamativo es que la misma comunidad internacional, liderada, entre otros por la CE que integra España, sanciona con mucho rigor a un juez que “osó” investigar mediante escuchas telefónicas a gente en prisión, integrantes de una red de corrupción, e impide que se consigan pruebas que pueden llegar a ser contundentes para combatir de raíz la corrupción, si es que hay real interés en combatirlo.
Pequeños países como Uruguay están en la “lista gris”, cuando no en la “lista negra”, de países que no colaboran debidamente – según ellos – en la lucha contra la corrupción, el lavado de dinero y demás.
Esta calificación la hacen organismos que están integrados predominantemente por representantes de estos países o delegados elegidos por ellos.
Sería interesante saber cómo explican entonces esta posición de dura sanción al Dr. Garzón que se atrevió a investigar más allá de lo que el gran poder le permite, porque vamos a entendernos, lo que se proclama a los cuatro vientos, en materia de transparencia, de derechos humanos, de buenas intenciones, no es precisamente lo que muestra la realidad a la hora de investigar de veras y rascar al hueso para saber en qué grado está contaminado el poder en cada nación.
El gesto del gobierno argentino no merece otra cosa que la reverencia de quienes pretendemos vigorizar nuestra democracia, pone de manifiesto la realidad de la situación referida a los DD..HH en España y en alguna medida en Europa toda.
El hecho de que se trate de hechos registrados en algunos casos varias décadas atrás, no debería de servir de excusa, por lo menos para investigarlos y ponerlos de manifiesto a la luz pública.

A cualquier amante de la libertad y defensor de los Derechos Humanos,  el homenaje realizado por el parlamento nacional argentino al juez, español, Dr. Baltasar Garzón, debió emocionarlo hasta los tuétanos.

Ver al parlamento íntegro ponerse de pie ante la presencia de Garzón, mientras la presidenta Cristina Fernández le agradecía su actuación en referencia a la persecución y enjuiciamiento a los violadores de los DD.HH. a quienes en buen número supo poner en prisión.

Seguramente un reconocimiento que cabe.

Como hemos señalado en estas columnas la situación del Dr. Garzón, sancionado en su patria con una inhabilitación de once años para ejercer la Justicia, resulta por lo  menos muy llamativa.

Aún considerando que la sanción puede ser ajustada a derecho,  lo llamativo es que la misma comunidad internacional, liderada, entre otros por la CE que integra España, sanciona con mucho rigor a un juez que “osó” investigar mediante escuchas telefónicas a gente en prisión, integrantes de una red de corrupción, e impide que se consigan pruebas que pueden llegar a ser contundentes para combatir de raíz la corrupción, si es que hay real interés en combatirlo.

Pequeños países como Uruguay están en la “lista gris”, cuando no en la “lista negra”, de países que no colaboran debidamente – según ellos – en la lucha contra la corrupción, el lavado de dinero y demás.

Esta calificación la hacen organismos que están integrados predominantemente por representantes de estos países o delegados elegidos por ellos.

Sería interesante saber cómo explican entonces esta posición de dura sanción al Dr. Garzón que se atrevió a investigar más allá de lo que el gran poder le permite, porque vamos a entendernos, lo que se proclama a los cuatro vientos, en materia de transparencia, de derechos humanos, de buenas intenciones, no es precisamente lo que muestra la realidad a la hora de investigar de veras y rascar al hueso para saber en qué grado está contaminado el poder en cada nación.

El gesto del gobierno argentino no merece otra cosa que la reverencia de quienes pretendemos vigorizar nuestra democracia, pone de manifiesto la realidad de la situación referida a los DD..HH en España y en alguna medida en Europa toda.

El hecho de que se trate de hechos registrados en algunos casos varias décadas atrás, no debería de servir de excusa, por lo menos para investigarlos y ponerlos de manifiesto a la luz pública.