Los pies para caminar y la cabeza para pensar…

La afirmación anterior parece de Perogrullo…, sin embargo en el Uruguay de hoy parece muy atinado, porque precisamente nos hemos olvidado de esto.

Cuando escuchamos, vemos y leemos la impunidad con que se están manejando los menores de edad, generalmente drogados o borrachos, alardeando de su condiciones de menor y sosteniendo «no me podés tocar», realmente dudamos que estemos pensando con la cabeza.

Mal que nos pese y contrariamente a lo que piensan y sostienen los respetables técnicos en la materia, entiendo que a todas luces hemos exagerado la cuestión de los derechos de los menores de edad.

No tenemos dudas de que por el camino que vamos, pronto llegarán delitos mayores. Los tan de moda » secuestros express», que están surgiendo en Montevideo, como copia de Beunos Aires y Brasil, consisten en la captura mediante armas de fuego de ciudadanos dentro de sus vehículos, tomándolos de rehenes y obligándolos a que los lleven a sus casas donde los mantienen secuestrados por el tiempo que se les antoja para robarles todo lo que les interesa.

Seguramente ya llegarán a Salto también, como están llegando otros delitos pesados, ya con uso de arma de fuego.

Mientras seguimos «bocinando» de la seguridad salteña como atractivo para el turismo, la verdad sea dicha, el delito sigue avanzando. Como dice el presidente Mujica, si nos comparamos con otras ciudades de la región «estamos en un paraíso». En Porto Alegre, Río, Buenos Aires, ya se cuentan varios muertos por día en acciones delictivas, cosa que ha pasado a ser «cuasi» normal.

Pero si nos comparamos con nosotros mismos. Con el Salto de apenas unos diez o veinte años atrás, estamos en un infierno. Nuestra propia incapacidad para enfrentar y corregir las cosas a tiempo, para discutir como comunidad y plantear con la fuerza que corresponde en los lugares que corresponde esta situación, nos va entregando poco a poco a los delincuentes.

Hoy es un sentimiento generalizado que el ciudadano honesto que vive de su trabajo o de cualquier otra ocupación decente, está pendiente de lo que le pase a su familia, su hogar u otros bienes.

Vive tras las rejas o con sistemas de alarmas que nunca son suficientes.

Se siente absolutamente desprotegido, a expensas de los malhechores que adiestran y usan a los menores de edad para cometer las fechorías y luego ellos manejan los botines.

No justificamos las muertes de algunos asaltantes que se han registrado en Montevideo, pero las entendemos. No somos partidarios de usar armas de fuego, pero entendemos por qué la gente está armándose cada vez más.

No entendemos cómo hay legisladores que siguen defendiendo a capa y espada la posición de los derechos de los menores de edad, olvidándose de los derechos de las demás personas, así sean adultos mayores, que deberían tener toda nuestra protección en la comunidad.

Nos da vergüenza ajena, cada vez que nos enteramos cómo son víctimas de estos malvivientes que el sistema protege.

No pedimos nada fuera de la ley, pero si que se responsabilice como corresponde a estos menores, que ya no son niños, precisamente, aunque su edad diga que son «menores», pero dispuestos a matar a mansalva muchas veces.

Va siendo hora que las cosas se pongan en su lugar.