Los primeros a proteger

Hasta nuestros oídos llegó un comentario al que prestamos atención. No sólo se trata de que la realidad prácticamente en todos los barrios de la ciudad es la misma, el miedo va ganando terreno y predomina.

En todos los barrios de Salto hay personas de trabajo, personas valiosas para la comunidad y también “barritas” o grupos de malvivientes que precisamente se dedican a vigilar a aquellos para robarles, amenazarlos o incluso agredirlos y en los hechos hay personas que se resisten a vivir allí, porque “mandan” los delincuentes.
Esto determina que haya mucho temor, generalmente en barrios de la denominada “zona roja”, donde se mueve el narcotráfico. Sabemos que existe información que no trasciende, precisamente porque nadie habla, pero esta regla no rige para los niños que con su característica inocencia comentan sobre todo en la escuela o en el jardín.
Esto lleva a saber que las maestras y padres de estos niños suelen manejar información que no llega a trascender, pero nada hay para reprocharles, porque tampoco se puede exigir que haya en esto quijotes, cuando quienes tienen la responsabilidad específica de brindar protección no la asumen.
Además las personas más desprotegidas son aquellas precisamente que están dedicadas a su trabajo, a su vida de honestidad y de concentración en esto.
Precisamente son ellas las personas que pagan las consecuencias, las principales víctimas de estos malvivientes.
Son los trabajadores honestos que viven en estos barrios los que pagan las consecuencias, los que sufren los estigmas, los que son atemorizados y hasta expulsados por ellos.
Allí precisamente radica la cuestión. Los primeros a proteger y a poner fuera del alcance de estos delincuentes deben ser estas personas, que sufren porque el servicio de ómnibus no les llega, los taxis no entran, los servicios de emergencia médica y otros servicios tampoco.
Cuando nos referimos a estos barrios tenemos que tener cuidado de no estigmatizar, de no “poner a todos en la misma bolsa” porque seguramente que hay en estos barrios personas tan o más valiosas que otras que viven barrios más “protegidos”.
Esto es lo que tenemos aprender, no sólo la población en general, sino también los empresarios, que se niegan a darles trabajos sólo por el lugar donde viven. En tanto debe saberse que precisamente los que tienen algo que esconder consiguen otro domicilio o sencillamente mienten su dirección.

A.R.D.







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