Los puntos sobre las “ies”

Que el Presidente de la República no sea aplaudido y en cambio el cesado comandante en Jefe del Ejército Nacional sea calurosamente aplaudido en sus manifestaciones es de una gravedad inusitada. Mucho más importante de lo que ven quienes pretenden relativizar el hecho.
Y no se trata de dejar de aplaudir a Tabaré Vázquez, quien hoy circunstancialmente ocupa la presidencia de la república, ni tampoco de aplaudir calurosamente los dichos de Manini Ríos, actual candidato a la presidencia de la República por un partido nuevo.
Es que más allá de esto no se aplaude al presidente y si se aplaude a un infractor, a alguien que ha desconocido la Constitución de la República y esta es la gravedad de la cuestión.
El trasfondo de todo esto es que indudablemente existe cierto malestar en las fuerzas armadas, que se ven, por primera vez en las últimas décadas, obligadas a cumplir con lo preceptuado en la Constitución de la República, vale decir a someterse al poder civil.
Es que los militares siguen creyendo que el poder de las armas es el verdadero poder en nuestros días y que los militares siguen siendo quienes verdaderamente componen una fuerza superior a la democracia, capaz de imponerla cuando y como se les antoje.
Varios elementos han dado prueba de que este concepto, surgido de la tenebrosa doctrina de la seguridad nacional sigue vigente. Que se diga que no se sabe si hay desaparecidos o no en el país, es una afrenta a familiares que varias décadas después de los hechos aún no saben nada de sus desaparecidos.
Que se diga que no hay pacto de silencio, pero en los hechos nadie habla, también lo es.
Entendámonos bien, porque ocultar la realidad nunca ha sido bueno. Existe una fuerza militar que se considera superior a toda la población civil.
Existe un cuerpo de generales del país que osa hacer reuniones específicas para decidir que hacer en cada circunstancia, hecho que constitucionalmente no lo puede hacer, porque es un desconocimiento a la autoridad máxima por encima de este cuerpo que son el Ministro de Defensa Nacional y el Presidente de la República, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y por lo tanto no lo pueden hacer al menos que se informe detallada y previamente y se logre la autorización correspondiente.
Mientras se mantengan estas actitudes. Mientras sea ésta la mentalidad de nuestros militares, seguramente que no se dará la ansiada integración al pueblo, por la sencilla razón que existe un cuerpo de oficiales que sigue equivocado, reivindicando los crímenes aberrantes del pasado o pretendiendo ignorarlos.
Alberto Rodríguez Díaz.