Los reclamos deben hacerse sin engaños

Se dice que sobre “noticia” hay tantas definiciones como del amor. Para el poeta es una cosa, para el psicólogo otra, para el religioso etc.,etc. Lo mismo sucede cuando tratamos de definir ¿qué es noticia?. Hay cientos de definiciones, cada una basada en un aspecto diferente.

Por lo que sabemos en España se le ha dado preferencia en este último sentido al periodismo y el criterio que se maneja es el que “es noticia”, aquello que el periodismo considera que es noticia.
Esto no sólo supone una preferencia, sino que esencialmente supone también un reconocimiento a la preparación profesional y una enorme responsabilidad. Si bien se atribuye al periodismo la capacidad de determinar qué es noticia, al mismo tiempo se lo expone a los cuestionamientos que surjan sobre el tema.
La cuestión va más allá de lo que revela en si, por el hecho que considera que el periodismo debe estar capacitado para determinar si un tema reúne los elementos necesarios para considerarlo noticia. Lo primero, esencial y “sine cuan non” es que realmente sea verdad lo que se afirma. Es decir si es un tema de interés masivo (no sólo individual o de un círculo muy reducido de personas), si tiene suficiente importancia (que se ausculta luego viendo su trascendencia) e interés.
Puede un tema ser importante, pero no tener interés público y viceversa, dado que importante no es lo mismo que interesante. ¿A que viene todo?. Pues por el hecho de que si alguien debe estar capacitado y preparado para determinar, si está ante una noticia o un simple rumor, es el periodista y fundamentalmente el responsable de un medio de comunicación social.
Más aún, en nuestros días donde “reinan” los rumores a través de las denominadas redes sociales, el periodista es quien debe saber ante qué está. Se nos ha enseñado que lo que se publica o dice públicamente debe ser irrefutable. De allí que el periodista tiene que chequear y verificar por lo menos un par de fuentes que lo que va a decir o escribir sea realmente verdad.
Hoy día cualquier persona, incluido menores de edad, puede largar cualquier versión o rumor por las redes sociales, sin tener conocimiento alguno del alcance y las consecuencias de su acción, pero es el periodista quien debe determinar ante qué está.
Al lector, oyente o televidente no le interesa de donde ha sacado la “noticia”, sino que dicho medio es quien la ha tomado como tal. Es decir, antes que nada, es una cuestión de credibilidad, de seriedad y de responsabilidad.
Por estos días en que la atención popular está concentrada en el campeonato mundial de fútbol nos ha llegado primero una carta supuestamente del capitán celeste Diego Godín y luego una atribuida nada menos que al Maestro Oscar Tabárez.
El contenido en ambos casos apunta a la unidad de los uruguayos y a la motivación de un pueblo junto a “la celeste”, pero lo que debe tenerse muy en cuenta es que ambas cartas son apócrifas y en especial la segunda que sobre todo apunta al reclamo de 6 % del PBI para la educación.
No tenemos nada contra el reclamo, pero si contra el engaño porque no es por este camino que se convence leal y francamente al ciudadano.

A.R.D.







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