Los Reyes no tan inocentes

Cada vísperas de Reyes Magos, la intensidad del movimiento comercial y hasta la desesperación que notamos en algunos de ellos, que llega a veces al colmo de aparejar principios de incidentes cuando en los locales comerciales queda el último producto que nos interesa, porque es lo que nos ha pedido el niño y alguien lo toma antes, lo observa, averigua, mientras nosotros rogamos para que no lo lleve, esto me mueve a algunas interrogantes.
En primer lugar, ¿en qué medida es positivo lo que hacemos?. ¿En qué medida estamos protegiendo y defendiendo una etapa tan importante en el niño como es la de la más pura inocencia?.
Nadie puede negar lo reconfortante que resulta ver a tantos padres, hermanos, tíos y abuelos preocupados por darles lo que entienden un motivo de alegría a sus niños.
Esta preocupación es buena, habla de lo importante que son ellos para nosotros, habla bien de quienes se preocupan y hacen el máximo esfuerzo por satisfacer los deseos de sus niños.
Ahora bien, ¿hasta qué edad es bueno hacerlo?
¿En qué medida es positivo lo que estamos haciendo por ellos?.
¿No estamos fomentando el consumismo?
¿Qué atención le damos a lo que nos piden los niños.
¿Nos importa saber que los motiva a pedirnos determinadas cosas?.
¿Quién o quiénes fomenta los elementos, publicidades, dibujitos, películas y juegos informáticos que hoy constituyen el mundo infantil?
¿No deberíamos prestar más atención a su contenido?
¿No deberíamos hacer saber de nuestras discrepancias cuando éstas existen?
¿Cuáles son los límites?
“Reyes Magos” absolutamente condescendientes, que no reparan en otros aspectos, seguramente no están aportando a la mejor formación de la persona que será ese niño mañana.
En la ilusión y la fantasía de los más chiquitos que en buena medida se cimenta en “los Reyes Magos” estamos sembrando valores genuinos o “antivalores”.
Estamos prestándonos a ser usados por el consumismo  el materialismo o estamos plantando nuestro rechazo a ciertas acciones que en el futuro puede traernos consecuencias lamentables.
Estos aspectos determinan que la sencilla motivación de darle una alegría al niño no es tan inocente, si respondemos sólo a ella, podemos estar dejándonos usar tontamente.
¡No lo olvidemos!.

Cada vísperas de Reyes Magos, la intensidad del movimiento comercial y hasta la desesperación que notamos en algunos de ellos, que llega a veces al colmo de aparejar principios de incidentes cuando en los locales comerciales queda el último producto que nos interesa, porque es lo que nos ha pedido el niño y alguien lo toma antes, lo observa, averigua, mientras nosotros rogamos para que no lo lleve, esto me mueve a algunas interrogantes.

En primer lugar, ¿en qué medida es positivo lo que hacemos?. ¿En qué medida estamos protegiendo y defendiendo una etapa tan importante en el niño como es la de la más pura inocencia?.

Nadie puede negar lo reconfortante que resulta ver a tantos padres, hermanos, tíos y abuelos preocupados por darles lo que entienden un motivo de alegría a sus niños.

Esta preocupación es buena, habla de lo importante que son ellos para nosotros, habla bien de quienes se preocupan y hacen el máximo esfuerzo por satisfacer los deseos de sus niños.

Ahora bien, ¿hasta qué edad es bueno hacerlo?

¿En qué medida es positivo lo que estamos haciendo por ellos?.

¿No estamos fomentando el consumismo?

¿Qué atención le damos a lo que nos piden los niños.

¿Nos importa saber que los motiva a pedirnos determinadas cosas?.

¿Quién o quiénes fomenta los elementos, publicidades, dibujitos, películas y juegos informáticos que hoy constituyen el mundo infantil?

¿No deberíamos prestar más atención a su contenido?

¿No deberíamos hacer saber de nuestras discrepancias cuando éstas existen?

¿Cuáles son los límites?

“Reyes Magos” absolutamente condescendientes, que no reparan en otros aspectos, seguramente no están aportando a la mejor formación de la persona que será ese niño mañana.

En la ilusión y la fantasía de los más chiquitos que en buena medida se cimenta en “los Reyes Magos” estamos sembrando valores genuinos o “antivalores”.

Estamos prestándonos a ser usados por el consumismo  el materialismo o estamos plantando nuestro rechazo a ciertas acciones que en el futuro puede traernos consecuencias lamentables.

Estos aspectos determinan que la sencilla motivación de darle una alegría al niño no es tan inocente, si respondemos sólo a ella, podemos estar dejándonos usar tontamente.

¡No lo olvidemos!.