Los TLC ¿si o no?

Aún dentro del Partido de Gobierno, o sea el Frente Amplio, las posiciones de aprobación o desaprobación de los TLC, son bastante dispares.
Aunque las aguas parecen encauzarse tras la aprobación del acuerdo ya firmado por el Presidente de la República, subsisten sectores que no están convencidos de que la mejor decisión sea aprobar la medida.
Y eso es lógico y natural. Un TLC es un acuerdo, implica una negociación y negociar significa lograr ventajas y también conceder ventajas a quien negocia con nosotros.
Esta es la cuestión, generalmente quienes se oponen o quienes defienden la firma del TLC no suelen explicar los “por qué” defienden su posición.
Lo primero que habría que explicar para que la “masa” (entendiendo por esta a la mayor parte de la población), entienda de qué se trata, es que en la negociación de un TLC confluyen siempre numerosos intereses.
No sería razonable que un gobernante o cualquier otro negociante conceda gratuitamente condiciones ventajosas a su oponente, sin nada a cambio.
Cuando se trata de países, hay que entender que estos comprenden empresarios, trabajadores, comerciantes y demás. Unido a ello hay que tener en el tamaño del mercado de cada país. Chile, además de tener promedialmente condiciones económicas aceptables en su población, posee un mercado interno que ronda los 18 millones de habitantes, es decir, algo así como seis veces más grande que el mercado interno uruguayo.
Unido a ello hay que entender que los países generalmente producen materia prima o artículos distintos. Uruguay produce y vende primordialmente carne, lana y ahora celulosa. Chile produce cobre y otros minerales, como también pescado, papel, pasta de celulosa, fruta, vinos y demás.
Se trata de un mercado abierto al mundo y es considerado un país con ingresos altos.
Esta es la situación inicial. Los comerciantes uruguayos ven con buenos ojos, por ejemplo el ingreso de productos chilenos sin aranceles o con menos aranceles, porque podrían vender más, al comprarlos más baratos. Los trabajadores e industriales lo ven con mucha preocupación, porque los productos chilenos competirían con ventajas y seguramente afectarían negativamente las fuentes de trabajo de estos sectores en el país.
Vale decir que no es una situación en blanco y negro, sino que hay que poner mucha inteligencia y capacidad para negociar, cuando se representa a un país tan pequeño como el nuestro, pero seguramente en algún momento habrá que aprobar un TLC porque Uruguay no tiene un mercado interno capaz de absorber todo lo que produce y a buenos precios.
Ojalá que lo que se acuerde sea ventajoso para nosotros, eso sí, sin perjudicar a nadie, porque no es la forma de negociar que ha caracterizado al país.
A.R.D.







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