Mal hecho

En uno de sus últimos viajes a Salto el Gral. Líber Seregni les comentó a algunos amigos “el olor del queso atrajo a los ratones…” hacía referencia a que la posibilidad de llegar al gobierno nacional, que el crecimiento del Frente Amplio permitía avizorar había “convertido” en frentistas a alguna gente que se consideraba lejos de la ideología que se pregonaba.
El tiempo le dio toda la razón y muchos de aquellos allegados al F.A. terminaron yéndose de la fuerza política nuevamente poco tiempo después de haberse incorporado. Otros, atraídos por la posibilidad de asumir un cargo permanecieron un tiempo mas.
Eso no estaba en los planes de quienes como Seregni impulsaban una ideología sana y saludable para el país, anteponiendo los intereses del país a cualquier aspiración personal.
A que viene toda esta introducción, al simple hecho que no compartimos la decisión de la Junta Departamental de fijar un sueldo, encubierto o no, para los actuales ediles titulares y suplentes.
Entiéndase bien. En estas columnas hemos defendido la posición de remunerar y al mismo tiempo reducir el número de los ediles de las juntas departamentales. Pero jamás pensamos en que una Junta debería legislar en su propio provecho. Para nosotros lo más justo y democrático es establecerlo para las próximas elecciones, para que quien vaya a competir por estos cargos electivos, lo sepa de antemano.
Pensamos que esto habrá de atraer a gente capacitada, más idónea y preparada, que hoy no está interesada en desempeñarse en estos cargos, porque significan teóricamente, que debe dedicar tiempo a una actividad no remunerada.
Es que la Constitución de la República establece que se trata de cargos honorarios (es decir no remunerados económicamente), cosa que en nuestro tiempo es prácticamente impensable.
Haber sido elegido en estas condiciones y luego cambiar las reglas del juego, votándose remuneraciones, encubiertas o no, porque generalmente se lo hace como resarcimiento de gastos, viáticos o similares, no es para nosotros lo más democrático. Nos deja toda la impresión que lejos de contribuir a elevar el nivel de un órgano legislativo, que debiera ser “caja de resonancia” de las inquietudes populares, estamos contribuyendo a su desprestigio.
Que los ediles deben ser remunerados sí, pero para contribuir a elevar el sistema democrático, no debiera ser ahora, porque estos ediles fueron elegidos de acuerdo a otras condiciones y por lo tanto lo esencial es respetar dichas condiciones.
Es nuestra posición y queremos dejarlo claro.
Alberto Rodríguez Díaz







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