Mala cosa juzgar por el primer árbol que se observa

La manida imagen de ver el árbol y no el bosque, resulta apropiada para graficar lo que está sucediendo en estos momentos en materia de las relaciones de Uruguay con Argentina.
Si bien cuando es oportuna esta imagen, significa que la visión o el análisis de un tema no está siendo profundo, no se está viendo más allá de lo más cercano a nosotros.
Cuando trasladamos esta visión a las relaciones diplomáticas, seguramente se está simplificando. Significa que hay opiniones que se toman en virtud de un aspecto, el más visible, el más difundido o el más impactante en la opinión pública, pero no se llega a ver la temática en toda su globalidad.
Hoy se está cuestionando la política de relacionamiento que sigue el gobierno nacional con Argentina, sosteniéndose que lo único que hace Uruguay es arrodillarse y ceder a los requerimientos del gobierno del vecino país.
Lejos de toda afinidad política o ideológica, entendemos que la política internacional debe responder a una estrategia basada en el exacto y pormenorizado conocimiento de nuestras posibilidades en el contexto internacional, político, económico y demás.
Si alguien cree que Uruguay puede presionar a otras naciones, por el hecho de ser una nación igual en materia de derechos y deberes a las restantes, se equivoca de cabo a rabo.
En primer lugar, porque si un par de naciones poderosas desde todo punto de vista, decide de alguna manera bloquear a Uruguay comercialmente, nos estaría condenando a la miseria, un mercado interno más que pequeño como el uruguayo, no es capaz de sustentar ningún presupuesto nacional.
Por lo tanto Uruguay está “condenando” a negociar y mantener mercados abiertos para la exportación de la producción.
Cuando se habla del relacionamiento con Argentina, no se puede soslayar la situación existente en materia de intercambio comercial y en especial turístico, que se constituye en el principal rubro a la hora de aportar divisas al país.
Entendemos que Uruguay tiene que saber manejar al máximo sus posibilidades y mantener una política inteligente para sacar de ella el mejor aprovechamiento, pero sin desconocer todo lo que pone en juego en cada ocasión. Mala cosa es reaccionar intempestivamente ante el primer contratiempo, la primera traba o incluso las “zancadillas” que son habituales en este terreno.
En el campo diplomático, un término, una palabra o una declaración puede hacer un daño importante, al despertar reacciones igualmente impulsivas e intempestivas.
Es más no debería mezclarse con ligereza el tema de soberanía, de derecho internacional y demás, porque se corre el riesgo de entrar en una escalada de la que luego difícilmente se lograr salir ileso.
Cuando entendamos debidamente que hablamos de un tema de alta sensibilidad, es probable que aprendamos a manejarnos con mayor cautela.

La manida imagen de ver el árbol y no el bosque, resulta apropiada para graficar lo que está sucediendo en estos momentos en materia de las relaciones de Uruguay con Argentina.

Si bien cuando es oportuna esta imagen, significa que la visión o el análisis de un tema no está siendo profundo, no se está viendo más allá de lo más cercano a nosotros.

Cuando trasladamos esta visión a las relaciones diplomáticas, seguramente se está simplificando. Significa que hay opiniones que se toman en virtud de un aspecto, el más visible, el más difundido o el más impactante en la opinión pública, pero no se llega a ver la temática en toda su globalidad.

Hoy se está cuestionando la política de relacionamiento que sigue el gobierno nacional con Argentina, sosteniéndose que lo único que hace Uruguay es arrodillarse y ceder a los requerimientos del gobierno del vecino país.

Lejos de toda afinidad política o ideológica, entendemos que la política internacional debe responder a una estrategia basada en el exacto y pormenorizado conocimiento de nuestras posibilidades en el contexto internacional, político, económico y demás.

Si alguien cree que Uruguay puede presionar a otras naciones, por el hecho de ser una nación igual en materia de derechos y deberes a las restantes, se equivoca de cabo a rabo.

En primer lugar, porque si un par de naciones poderosas desde todo punto de vista, decide de alguna manera bloquear a Uruguay comercialmente, nos estaría condenando a la miseria, un mercado interno más que pequeño como el uruguayo, no es capaz de sustentar ningún presupuesto nacional.

Por lo tanto Uruguay está “condenando” a negociar y mantener mercados abiertos para la exportación de la producción.

Cuando se habla del relacionamiento con Argentina, no se puede soslayar la situación existente en materia de intercambio comercial y en especial turístico, que se constituye en el principal rubro a la hora de aportar divisas al país.

Entendemos que Uruguay tiene que saber manejar al máximo sus posibilidades y mantener una política inteligente para sacar de ella el mejor aprovechamiento, pero sin desconocer todo lo que pone en juego en cada ocasión. Mala cosa es reaccionar intempestivamente ante el primer contratiempo, la primera traba o incluso las “zancadillas” que son habituales en este terreno.

En el campo diplomático, un término, una palabra o una declaración puede hacer un daño importante, al despertar reacciones igualmente impulsivas e intempestivas.

Es más no debería mezclarse con ligereza el tema de soberanía, de derecho internacional y demás, porque se corre el riesgo de entrar en una escalada de la que luego difícilmente se lograr salir ileso.

Cuando entendamos debidamente que hablamos de un tema de alta sensibilidad, es probable que aprendamos a manejarnos con mayor cautela.







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