Más allá de la “tormenta” política

Que los uruguayos somos a menudo “discutidores” y por ello nos  creemos profundos  conocedores o “debidamente informados”, es bien sabido. Sin embargo a veces los temas y pormenores de estas “discusiones”, resultan al menos banales, cuando no absurdas.

Lo que es peor, provienen de ámbitos a los que en principio les atribuimos otro “nivel” de análisis.

La renuncia del director del Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, Rafael Paternain, despertó una “tormenta” política”.

Admitimos que no es un tema menor. Admitimos que Paternain es un técnico de reconocido prestigio, pero esto no evita que veamos una tormenta absolutamente innecesaria.

Que el técnico hubiera renunciado, porque entiende que se dejó de lado el trabajo del laboratorio o se manipularon los datos, es lamentable. Pero hay que tener claro que estamos discutiendo si las rapiñas, los asaltos y otros delitos fueron 100 ó 120, 1000 ó 1010, quizás ¿qué cambiaría la cifra en la situación real?.

Nadie niega que la situación en referencia al tema es grave. Pero tengamos claro que lo que estamos discutiendo es el alcance de esta gravedad, si se quiere.

Por lo tanto, la “tormenta” responde a intereses políticos. Cada cual quiere capitalizar la situación y la interpretación de la situación de acuerdo a sus intereses. Esto es lo detestable.

Nos deja la impresión que en realidad hay muy poco interés y muy poca preocupación legítima por el tema de fondo. Lo que realmente estamos demostrando es preocupación por la imagen que podemos trasmitir a la gente sobre este tema.

De allí las acusaciones de “maquillaje” de cifras vertidas por la oposición y las afirmaciones del Ministerio del Interior, de que no es así, de que se ha profundizado en la interpretación de algunas cifras.

Deberían de analizar si lo que verdaderamente está en juego en materia de información no es la credibilidad de los voceros en estos casos y el juez en el tema es nada menos que la población en general.

Pero convengamos que la preocupación, el compromiso y las acciones de un gobierno (que también es integrado por todos los parlamentarios obviamente), debería ir más allá del “grado” de la cuestión.

Si todos los que hablan, acusan o defienden acaloradamente lo que sostienen – según sea el caso – dedicaran este esfuerzo realmente a aportar para hacer algo positivo, en la dirección adecuada a efectos de controlar y disminuir la delincuencia, seguramente que estaríamos mucho mejor.