Más allá de la superficie

A estas horas asistimos al primer procesamiento o mejor dicho, la primera condena de un intendente del departamento en funciones.
Sin ánimo de pronunciarnos sobre el acierto o el error del fallo de la Justicia, entendemos que el hecho que ha conmocionado la ciudad y ha ocupado la primera plana de medios de comunicación masiva, merece una lectura un tanto más profunda.
El intendente Departamental enfrenta la posibilidad cierta de perder la ciudadanía –si es que el fallo del Tribunal de Apelaciones confirma la condena – y en este caso asumiría un suplente por todo el período en que dure la suspensión de la ciudadanía.
Pero como hemos sostenido en estas columnas, el mayor interés público debe enfocarse en el hecho de fondo, denunciado por el intendente Lima y en el cual involucró a la edila denunciante.
Esta se ha sentido agraviada gratuitamente y difamada y por lo tanto realizó la denuncia penal correspondiente y ello está debidamente establecido. Es más, compartimos el espíritu de la ley de proteger al ciudadano de una eventual difamación.
Es lo primero a dejar en claro, pero aquí no se ha probado, ni descartado, que los responsables de la adulteración de las boletas mencionadas por el Intendente Lima, en la conferencia de prensa que dio lugar a la demanda, son realmente responsables o no.
Para nosotros este es el talón de Aquiles. Podemos aceptar que el Intendente, doctor en derecho, haya cometido un error, quizás por apresuramiento, pero error al fin y esto dio margen, “obligó” diríamos a que la Justicia en la aplicación de las leyes (en este caso la 16.099 denominada Ley de Prensa), le haya condenado.
Pero somos de los que pensamos que corresponde asumir riesgos cuando se tiene la certeza de que se está obrando bien, de que se está tratando de ser transparentes en el manejo de los fondos públicos y por lo tanto dando a conocer toda sospecha de deshonestidad.
Si cabe o no la condena, si es acertado el fallo o no, será la propia Justicia quien lo habrá de determinar.
Lo que hay que dejar muy claro es que si hay condena definitiva, no será por otra cosa que por haber cometido un error, quizás un apresuramiento como lo sostenemos, pero nunca por una deshonestidad, vale decir que aquello que sostuvo Vázquez al asumir la primera presidencia del gobierno nacional, “podremos meter la pata, pero no la mano en la lata…”, sigue teniendo plena vigencia.
Alberto Rodríguez Díaz.