Más allá del “Día del Niño”

Que los “días” específicos, léase, del Padre, de la Madre, del Amigo y otros, tienen un fin comercial resulta innegable.
No se trata de condenar el objetivo básico, que es el de mover el comercio, porque no tiene nada malo tratar de hacerlo.
Tampoco tiene la idea de dedicar un día específico a homenajear a un uno de los seres queridos, si bien somos de los que pensamos que en realidad lo más auténtico son las demostraciones de afecto que se manifiestan en forma permanente, porque esos seres queridos saben que cuentan con nosotros, como nosotros contamos con ellos.
Lo importante en estos casos es no confundir las cosas. Cuando se exagera el sentido de estos días, llegando al colmo de creer que si no hay una demostración específica, quedamos “en falta”, entonces pasa a ser contraproducente.
Pero si bien podemos llegar a aceptar estos “días” y no vemos mayor nocividad en la celebración, es muy diferente cuando se trata del denominado “Día del Niño”.
Toda la publicidad de estos días se enfoca a difundir este “día” al punto que  llega a ser una de las fechas que mueve más al comercio local y por lo tanto las expectativas de los más chicos son grandes.
Ahora bien, en el fondo este día es muy diferente a los restantes. Si un padre, una madre, un abuelo o un amigo no recibe regalo en su día, no creemos que sea una cuestión mayúscula ni muy dañina.
Diferente es cuando se trata de niños. Cuando hay algunos de ellos que seguramente quedarán sin regalo en este día, se produce un daño. Difícilmente un niño de corta edad pueda explicarse por qué no le llega un regalo si es “su día”, mientras que otros de su misma edad los reciben.
Tampoco se explicarán por qué otros niños reciben regalos valiosos, anhelados también por ellos,  porque el consumismo atrapa a todos y sin embargo a ellos no.
Vale decir, en este caso sí que hay un daño y es por eso que no compartimos la celebración del “Día del Niño, no porque sea nocivo en sí mismo, sino porque basta que un solo niño no reciba regalo para que a éste le sea dañino.
Quizás algún día habrá que atender este aspecto, porque como comunidad deberíamos  tratar de asegurarnos que no haya un solo niño uruguayo que quede sin regalo y  que en lo posible éstos, no sean tan diferentes, unos de otros porque es allí donde empiezan a  notarse las diferencias sociales.
Como comunidad tenemos el deber de tratar de disminuir estas diferencias, de igualar en lo máximo posible las condiciones de vida de todos los uruguayos, porque seguramente es esta la  mejor forma de asegurarnos una convivencia pacífica en el futuro.
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Alberto Rodríguez Díaz

Que los “días” específicos, léase, del Padre, de la Madre, del Amigo y otros, tienen un fin comercial resulta innegable.

No se trata de condenar el objetivo básico, que es el de mover el comercio, porque no tiene nada malo tratar de hacerlo.

Tampoco tiene la idea de dedicar un día específico a homenajear a un uno de los seres queridos, si bien somos de los que pensamos que en realidad lo más auténtico son las demostraciones de afecto que se manifiestan en forma permanente, porque esos seres queridos saben que cuentan con nosotros, como nosotros contamos con ellos.

Lo importante en estos casos es no confundir las cosas. Cuando se exagera el sentido de estos días, llegando al colmo de creer que si no hay una demostración específica, quedamos “en falta”, entonces pasa a ser contraproducente.

Pero si bien podemos llegar a aceptar estos “días” y no vemos mayor nocividad en la celebración, es muy diferente cuando se trata del denominado “Día del Niño”.

Toda la publicidad de estos días se enfoca a difundir este “día” al punto que  llega a ser una de las fechas que mueve más al comercio local y por lo tanto las expectativas de los más chicos son grandes.

Ahora bien, en el fondo este día es muy diferente a los restantes. Si un padre, una madre, un abuelo o un amigo no recibe regalo en su día, no creemos que sea una cuestión mayúscula ni muy dañina.

Diferente es cuando se trata de niños. Cuando hay algunos de ellos que seguramente quedarán sin regalo en este día, se produce un daño. Difícilmente un niño de corta edad pueda explicarse por qué no le llega un regalo si es “su día”, mientras que otros de su misma edad los reciben.

Tampoco se explicarán por qué otros niños reciben regalos valiosos, anhelados también por ellos,  porque el consumismo atrapa a todos y sin embargo a ellos no.

Vale decir, en este caso sí que hay un daño y es por eso que no compartimos la celebración del “Día del Niño, no porque sea nocivo en sí mismo, sino porque basta que un solo niño no reciba regalo para que a éste le sea dañino.

Quizás algún día habrá que atender este aspecto, porque como comunidad deberíamos  tratar de asegurarnos que no haya un solo niño uruguayo que quede sin regalo y  que en lo posible éstos, no sean tan diferentes, unos de otros porque es allí donde empiezan a  notarse las diferencias sociales.

Como comunidad tenemos el deber de tratar de disminuir estas diferencias, de igualar en lo máximo posible las condiciones de vida de todos los uruguayos, porque seguramente es esta la  mejor forma de asegurarnos una convivencia pacífica en el futuro.

Alberto Rodríguez Díaz