Más de un ídolo terminará en escombros

La aparición de Wikileads ha sido un verdadero forúnculo para los Estados Unidos no tanto para el presidente Obama, como para sus antecesores inmediatos.

El mayor problema no es lo que ha trascendido concretamente en cuanto a la comprobación de los espionajes y otras “tareas secretas” que siempre hizo Estados Unidos y sólo que nunca permitió que se conociera, sino que es la autoconvicción de que “matando” al mensajero se termina el problema.

De allí la persecución, obviamente no reconocida al responsable de Wikileads, a quien se endemonizará y se tratará de exterminar.

No parece vislumbrar que el gran tema aquí es la credibilidad de la nación.

Cuando años atrás los Estados Unidos sostenían algo, la mayoría del público consumidor se alineaba a esa afirmación como verdad absoluta. Acusar a los EE.UU. de espionaje “sonaba a fábula” de la izquierda o de otros “enemigos de occidente, que pretendían imponernos regímenes autoritarios…”

Amparado en esa credibilidad EE.UU. llevó adelante acciones muy cuestionables, que si se hubieran conocido en sus detalles seguramente no tendrían el respaldo popular que alcanzaron.

Quizás el último botón de muestra de esto haya sido la acción en medio oriente y en particular la invasión a Irak “en búsqueda de las armas químicas que poseía el regimen de Saddam Hussein”.

Hoy nadie, ni siquiera los Estados Unidos mismo oculta que este fue el pretexto para poner las botas de los marines en una de las naciones más ricas del mundo en petróleo y quedarse con el mismo, hace ya casi 20 años. Al reconocer que “no pudo hallar armas químicas”, no se ruboriza para nada, como tampoco lo hace ante los miles y miles de muertos que causó esta invasión, hombres, mujeres y niños inocentes han pagado con su vida esta acción, como muchas otras, que el autodenominado “gendarme del mundo” sigue tomando sin ningún escrúpulo.

El gran tema es que hoy las posibilidades de informarse y de acceder a fuentes que hasta pocos años atrás eran impensables, está al alcance de la mano, mejor dicho de la computadora con acceso a Internet.

La batalla hoy no se desarrolla en el campo ideológico. No se puede deslegitimar una fuente “de por si”. Hoy los pueblos, tienen más información, han avanzado en su capacidad de análisis, saben más a la hora de “chequear” la veracidad o nó de una información.

Esto es bueno, nos pondrá a las puertas de la verdad y la realidad del mundo. Seguramente derrumbará algunos “idolos” y fortalecerá a otros.

Es de esperar que la verdad resplandezca sobre toda falsedad.