Mejor que otros, pero para nada bien

Según un estudio difundido por una organización denominada “LatinoBarómetro”, Uruguay es el país menos violento de América Latina.
Si bien puede relativizarse esta calificación, dado que no se tienen elementos comparativos para saber como evoluciona, o sea si la situación de hoy, con ser la menos violenta de América, significa de todas maneras que es bastante más violenta que en años recientes o por el contrario es indicativa de un mantenimiento de las condiciones de poca violencia de años atrás.
Esta es en realidad la cuestión. Es además muy importante saber qué elementos se han tenido en cuenta para llegar a esta calificación.
Si se ha reducido a tener en cuenta las cifras de delitos, por supuesto que Uruguay, por un tema de población y extensión territorial seguramente aparecerá con números menores a todas las demás naciones.
Puede ser distinta la situación si se compara estas cifras porcentualmente con el total de su población, por ejemplo.
Si el 1 por ciento de Brasil delinquiera, serían 2.000.000 de Brasileños delinquiendo. El uno por ciento de Argentina, serían 400.000, mientras que si el uno or ciento de uruguayos delinquiera, éstos serían 30.000 mil.
De todas formas, aunque el estudio indica que la sensación nunca se corresponde con la realidad y esto es innegable, dado que la sola decisión de los hechos siempre tiene un efecto multiplicador, también es cierto que hay determinado número de delitos que no se denuncian, ni en Uruguay, ni en otros lados y esto habla más que nada de la decepción de la población en los sistemas de seguridad.
Por fortuna, los indicadores nacionales señalan que el tema de la seguridad es la principal preocupación de los uruguayos.
Aún cuando discrepemos en cuanto a las causas y a cual sería la mejor forma de intentar solucionar o al menos llevar a límites admisibles los índices delictivos, tanto en materia de gravedad como de cantidad, sabemos que no estamos bien en esta materia.
Esto es lo más importante. Todos los partidos políticos, organizaciones sociales y similares,  tienen claro que  existe un tema de inseguridad, cuyas dimensiones son vistas de diferente manera, pero existe, es lo real y concreto.
También se asume que es necesario encarar cuanto antes las medidas que permitan mejorar la situación. El hecho que esta sea mejor, igual o peor que en otras naciones incluso las más próximas, no debe ser motivo para nuestras propias medidas, pero si para ser tomado en cuenta como un posible factor de incidencia más.
La posibilidad de que la represión en otros lados determine la llegada a nuestro país de organizaciones delictivas hasta hoy desconocidas o poco usuales, es sin lugar a dudas bastante factible.
De allí que asumamos que el hecho de estar mejor que otros, lo que seguramente es verdad, no significa que estemos bien y mucho

uando está todo bien, correcto, no debería pasar nada.

Si embargo cuando “no pasa nada”, significa que está todo mal, si por bien entendemos un funcionamiento correcto, de acuerdo a sus cometidos.

Tan difícil de explicar los “códigos” de la gente que habitualmente pasa por Aduanas es entender cómo un Director Nacional de Aduanas puede tener la osadía de decir que todo está bien y es satisfactorio, cuando en Salto, es sabido que todo aquel que así opina es porque o está involucrado de alguna manera o es un ignorante total.

En el Paso de Frontera de la represa internacional, existen algunas incongruencias difíciles de explicar. Por ejemplo, el hecho de que no se haya logrado nunca la presencia de Policía uruguaya, dotada de un equipamiento informático que permita por lo menos tener un archivo de las personas requeridas.

Por otra parte, Aduanas argumenta que no está entre sus cometidos, por ejemplo, la detección y apresamiento de drogas. Sus colegas argentinos no sólo asumen esta tarea, sino que disponen hasta de perros adiestrados a estos efectos.