Mejor tarde que nunca

EEl maltrato y la discriminación escolar, que define sintéticamente el anglicismo “Bullying”, es un problema creciente en nuestros días, al punto que preocupado por el tema el Parlamento se ha inclinado  por obtener un protocolo de acción que una vez aprobado, se exigirá su aplicación de todos los centros educativos.
Si bien es cierto que de alguna manera los casos de discriminación en las aulas han existido desde tiempo inmemoriales sin que las autoridades de la educación se hubieran preocupado nunca por enfrentarlos y combatirlos, al menos no metódicamente, también es cierto que nunca antes alcanzaba el grado que tiene en nuestros días, donde el color de piel, la forma de vestirse, de peinarse,de hablar o de pensar, las diferencias económicas o sociales, o cualquier otro elemento real o antojadizamente atribuido a una persona, puede discriminarla y someterla a situaciones de vejámenes.
Tampoco antes supimos del expreso  aislamiento o expresa discriminación tan feroz como la que sucede en estos tiempos.
Las víctimas de este destrato – que subsisten y no todas lo logran – generalmente quedan con secuelas para el resto de su vida y esto constituye tamaña injusticia porque además generalmente se trata de las personas más desvalidas y de esta forma se las condena a  una situación totalmente injusta e inapropiada.
Pero también se da el extremo contrario, algunas de las personas que logran sobreponerse a esta situación, se hacen fuertes y anidan tal rencor y resentimiento, que luego es prácticamente imposible pedirles sensibilidad social, solidaridad y valores similares hacia sus semejantes, porque precisamente a ellos nunca les concedieron este trato precisamente.
Así se conforman las pandillas tenebrosas, las barras o los grupos que hacen de la violencia terreno fértil al que abonan a diario y demuestran los casos de mayor ferocidad en sus fechorías, generalmente agravados por otros “elementos de nuestros días”, como la maldita pasta base, también llamada la droga de los pobres.
En estos casos “la sociedad” que integramos o pretendemos integrar todos, se escandaliza por estas acciones, las condena y “no se explica” como puede haber gente tan “sacada” como dicen los jóvenes, capaz de realizar tamañas acciones, pero sin detenerse a analizar con honestidad si de alguna manera no estamos involucrados en su origen.
La ley que pretende aprobar el Parlamento, seguramente que llega con atraso, pero intentará poner freno a una situación absolutamente injustificable, reparando, en lo que aún es reparable, tanto camino malogrado.
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El maltrato y la discriminación escolar, que define sintéticamente el anglicismo “Bullying”, es un problema creciente en nuestros días, al punto que preocupado por el tema el Parlamento se ha inclinado  por obtener un protocolo de acción que una vez aprobado, se exigirá su aplicación de todos los centros educativos.

Si bien es cierto que de alguna manera los casos de discriminación en las aulas han existido desde tiempo inmemoriales sin que las autoridades de la educación se hubieran preocupado nunca por enfrentarlos y combatirlos, al menos no metódicamente, también es cierto que nunca antes alcanzaba el grado que tiene en nuestros días, donde el color de piel, la forma de vestirse, de peinarse,de hablar o de pensar, las diferencias económicas o sociales, o cualquier otro elemento real o antojadizamente atribuido a una persona, puede discriminarla y someterla a situaciones de vejámenes.

Tampoco antes supimos del expreso  aislamiento o expresa discriminación tan feroz como la que sucede en estos tiempos.

Las víctimas de este destrato – que subsisten y no todas lo logran – generalmente quedan con secuelas para el resto de su vida y esto constituye tamaña injusticia porque además generalmente se trata de las personas más desvalidas y de esta forma se las condena a  una situación totalmente injusta e inapropiada.

Pero también se da el extremo contrario, algunas de las personas que logran sobreponerse a esta situación, se hacen fuertes y anidan tal rencor y resentimiento, que luego es prácticamente imposible pedirles sensibilidad social, solidaridad y valores similares hacia sus semejantes, porque precisamente a ellos nunca les concedieron este trato precisamente.

Así se conforman las pandillas tenebrosas, las barras o los grupos que hacen de la violencia terreno fértil al que abonan a diario y demuestran los casos de mayor ferocidad en sus fechorías, generalmente agravados por otros “elementos de nuestros días”, como la maldita pasta base, también llamada la droga de los pobres.

En estos casos “la sociedad” que integramos o pretendemos integrar todos, se escandaliza por estas acciones, las condena y “no se explica” como puede haber gente tan “sacada” como dicen los jóvenes, capaz de realizar tamañas acciones, pero sin detenerse a analizar con honestidad si de alguna manera no estamos involucrados en su origen.

La ley que pretende aprobar el Parlamento, seguramente que llega con atraso, pero intentará poner freno a una situación absolutamente injustificable, reparando, en lo que aún es reparable, tanto camino malogrado.