Menos voluntarismo y más realismo

Para un país pequeño como el Uruguay, que además no tiene combustibles fósiles, el argumento energético y sobre todo la rebaja del precio de los combustibles, es siempre una promesa electoral con mucho de voluntarismo, pero poco de realidad.
En los hechos todavía nos acordamos del eslogan que fue emblema en la campaña nacionalista de las elecciones presidenciales de 1995, dicho sea de paso, período presidencial nefasto para Salto porque no sólo se cerró definitivamente El Espinillar, sino que los recursos generados por Salto Grande que hasta ese momento se administraban aquí fueron volcados a Rentas Generales, que desde entonces se limitó a cubrir el presupuesto que demandaba la central hidroeléctrica.
Pero en ese mismo período aparecieron los famosos pegotines -similares a los que vemos hoy en el mismo sector – que decían “gasoil sin impuesto”. Este gasoil nunca llegó porque hasta el día de hoy el gasoil como las naftas y los combustibles en general tienen de los más onerosos impuestos que sepamos.
Es lógico que así sea. Uruguay no tiene petróleo, al menos no en cantidad ni en la calidad del que se precisa para sustituir al que se compra en el extranjero y al mismo tiempo para cubrir la tremenda inversión que significaría su extracción. O bien si lo tenemos no lo sabemos porque los estudios también tienen un costo millonario manejado por muy pocas multinacionales.
De cuando en cuando surgen noticias “fantasiosas” en este sentido, se hacen prospecciones, se dan a conocer expectativas que luego no se cumplen. En definitiva, seguimos y seguiremos siendo rehenes de esta situación, porque dependemos de lo que hagan terceros países en cuanto a precios internacionales y obviamente en cuanto a impuestos.
No hay que olvidar que el combustible es uno de los consumos de mayor demanda, por la sencilla razón de que los uruguayos priorizamos el transporte frente a muchas otras necesidades.
Hoy se anuncian nuevas medidas en el rubro. Esperemos que el resultado sea diferente a lo que ya conocemos, pero no somos optimistas precisamente. El petróleo hasta el momento sigue siendo uno de los elementos que mueve la aguja de los países en materia económica y Uruguay carece de él.
Quienes lo tienen especulan abiertamente con ello y las potencias que lo tienen lo guardan y tratan de obtenerlo a cualquier precio y generalmente no pagan por él, pero disimulan muy bien sus verdaderos intereses.
Desmantelar lo que tenemos en el país, refinerías y demás, es pasar a depender aún en mayor grado del extranjero, que obviamente puede ofrecer precios coyunturales, pero no mantenerlos, porque sabe que es un nuevo escalón en la especulación con el combustible.
A.R.D.