es curioso observar las diferentes posiciones de políticos y partidos políticos en general en relación a la situación de Paraguay.
Hay quienes condenan abiertamente lo sucedido, a pesar que esté dentro de los parámetros de la Constitución determinada por los propios paraguayos. Es la posición que ha logrado mayoría absoluta, si no unanimidad dentro de la Unión de Naciones de Suramérica
Pero también hay quienes sostienen que cualquier rechazo a las nuevas autoridades es una intromisión en los asuntos paraguayos y por lo tanto no debería adoptarse.
La cuestión es que nuestro pronunciamiento desnuda no sólo el concepto que tengamos en la materia, sino nuestro posicionamiento frente a los poderosos intereses que se mueven detrás de cada situación.
El desafío es demostrar coherencia y ser capaces de medir en todas las ocasiones con la misma vara.
Hay en el continente situaciones muy diferentes y sobre todo actitudes muy diferentes frente a estas situaciones.
Pensemos en Cuba, donde no hay elecciones. El regimen no lo oculta y navega permanentemente en las aguas de una dura crítica, incluso de los “países amigos”, pero no sería coherente esta referencia si ignoráramos las actitudes que han tenido otros gobiernos poderosos para intrometerse y cobijar de una manera muy subrepticia, acciones.
Estamos lejos, muy lejos de tener los mismos principios, cuando hablamos de democracia y siempre estamos inclinándonos, consciente o inconscientemente hacia uno u otro lado.
Por encima de todo posicionamiento previo, lo que más importa es partir de un diagnóstico honesto y sincero de la realidad que tenemos.
No somos más democráticos porque nos golpeemos el pecho invocando los derechos democráticos, sino asumiendo de que punto partimos y en qué medida estamos dispuestos a respetar estos derechos.
Entre estos puntos de partida, se inscribe precisamente el imprescindible reconocimiento de todos los intereses que están en juego, porque en esto no sólo es lo que se ve porque “anda a flor de agua”, sino que suele suceder que lo más importante es lo que no se ve, lo que está sumergido, y por lo tanto se maneja en forma mucho más subrepticia, aunque suelen ser tanto o más dañinos que los restantes.
Comencemos por llegar al fondo del asunto antes de tomar parte a la ligera frente a estas situaciones.
es curioso observar las diferentes posiciones de políticos y partidos políticos en general en relación a la situación de Paraguay.
Hay quienes condenan abiertamente lo sucedido, a pesar que esté dentro de los parámetros de la Constitución determinada por los propios paraguayos. Es la posición que ha logrado mayoría absoluta, si no unanimidad dentro de la Unión de Naciones de Suramérica
Pero también hay quienes sostienen que cualquier rechazo a las nuevas autoridades es una intromisión en los asuntos paraguayos y por lo tanto no debería adoptarse.
La cuestión es que nuestro pronunciamiento desnuda no sólo el concepto que tengamos en la materia, sino nuestro posicionamiento frente a los poderosos intereses que se mueven detrás de cada situación.
El desafío es demostrar coherencia y ser capaces de medir en todas las ocasiones con la misma vara.
Hay en el continente situaciones muy diferentes y sobre todo actitudes muy diferentes frente a estas situaciones.
Pensemos en Cuba, donde no hay elecciones. El regimen no lo oculta y navega permanentemente en las aguas de una dura crítica, incluso de los “países amigos”, pero no sería coherente esta referencia si ignoráramos las actitudes que han tenido otros gobiernos poderosos para intrometerse y cobijar de una manera muy subrepticia, acciones.
Estamos lejos, muy lejos de tener los mismos principios, cuando hablamos de democracia y siempre estamos inclinándonos, consciente o inconscientemente hacia uno u otro lado.
Por encima de todo posicionamiento previo, lo que más importa es partir de un diagnóstico honesto y sincero de la realidad que tenemos.
No somos más democráticos porque nos golpeemos el pecho invocando los derechos democráticos, sino asumiendo de que punto partimos y en qué medida estamos dispuestos a respetar estos derechos.
Entre estos puntos de partida, se inscribe precisamente el imprescindible reconocimiento de todos los intereses que están en juego, porque en esto no sólo es lo que se ve porque “anda a flor de agua”, sino que suele suceder que lo más importante es lo que no se ve, lo que está sumergido, y por lo tanto se maneja en forma mucho más subrepticia, aunque suelen ser tanto o más dañinos que los restantes.
Comencemos por llegar al fondo del asunto antes de tomar parte a la ligera frente a estas situaciones.