Mientras el agua no nos llegue al cuello…

as consecuencias del denominado cambio climático son tan difíciles de prever como difícil es evitar la nefasta incidencia de algunas acciones humanas que contribuyen a agravar esta situación.
El drama del temporal que azotara el Río de la Plata es un indicio de lo que decimos.
Si bien se ha tratado de una tormenta de intensidad poco usual, en cuanto a cantidad de agua caída, como también de granizo, aunque este fenómeno climático en menor proporción, existe coincidencia en señalar que las consecuencias se agravaron por el hecho de que muchos de los desagües y alcantarillas que conforman el sistema de evacuación de las redes pluviales, tanto en Buenos Aires, como en La Plata y otras ciudades argentinas, como en Punta del Este y algunas ciudades uruguayas, se atascan frecuentemente debido a la cantidad de bolsas de naylon y plásticos de diversas procedencia que son arrojados a la vía pública por los habitantes de estas ciudades.
Ambos factores son dominables y controlables si se pusieran en práctica las medidas que corresponden.
La causa principal del cambio climático es atribuida por científicos y otros técnicos a las acciones humanas que han acelerado tanto el desmonte, como la emisión de gases invernaderos de la industria y similares.
Pero lamentablemente las naciones que emiten la mayor cantidad de estos gases hacia la atmósfera aún no terminan de admitir el hecho y por lo tanto no asumen que es necesario que se comprometan a dejar de lado ciertas actividades o al menos limitarlas a índices razonables.
El otro factor, es seguramente más sencillo de dominar. Fundamentalmente las “tapitas” de plástico que terminan obstruyendo los desaguaderos y las bolsas de nylon que también contribuyen a la misma situación, no deberían ir a parar allí. Bastaría con que la población en cada caso asumiera su responsabilidad y evitara arrojarlas a la vía pública, para que la situación mejorara.
Si no se termina de asumir esta necesidad, el camino que queda es la prohibición del uso de estos elementos, aspecto que seguramente “don mercado” tampoco permitirá…
Esta es la verdadera razón por la cual en el futuro deberemos seguir lamentando estos desastres, de los que nadie puede sentirse ajeno, porque sencillamente somos partes de estas comunidades insensibles, desorganizadas e irresponsables, que miran para otro lado, mientras el agua no nos llegue al cuello.
Las consecuencias del denominado cambio climático son tan difíciles de prever como difícil es evitar la nefasta incidencia de algunas acciones humanas que contribuyen a agravar esta situación.
El drama del temporal que azotara el Río de la Plata es un indicio de lo que decimos.
Si bien se ha tratado de una tormenta de intensidad poco usual, en cuanto a cantidad de agua caída, como también de granizo,PuntaInundada aunque este fenómeno climático en menor proporción, existe coincidencia en señalar que las consecuencias se agravaron por el hecho de que muchos de los desagües y alcantarillas que conforman el sistema de evacuación de las redes pluviales, tanto en Buenos Aires, como en La Plata y otras ciudades argentinas, como en Punta del Este y algunas ciudades uruguayas, se atascan frecuentemente debido a la cantidad de bolsas de naylon y plásticos de diversas procedencia que son arrojados a la vía pública por los habitantes de estas ciudades.
Ambos factores son dominables y controlables si se pusieran en práctica las medidas que corresponden.
La causa principal del cambio climático es atribuida por científicos y otros técnicos a las acciones humanas que han acelerado tanto el desmonte, como la emisión de gases invernaderos de la industria y similares.
Pero lamentablemente las naciones que emiten la mayor cantidad de estos gases hacia la atmósfera aún no terminan de admitir el hecho y por lo tanto no asumen que es necesario que se comprometan a dejar de lado ciertas actividades o al menos limitarlas a índices razonables.
El otro factor, es seguramente más sencillo de dominar. Fundamentalmente las “tapitas” de plástico que terminan obstruyendo los desaguaderos y las bolsas de nylon que también contribuyen a la misma situación, no deberían ir a parar allí. Bastaría con que la población en cada caso asumiera su responsabilidad y evitara arrojarlas a la vía pública, para que la situación mejorara.
Si no se termina de asumir esta necesidad, el camino que queda es la prohibición del uso de estos elementos, aspecto que seguramente “don mercado” tampoco permitirá…
Esta es la verdadera razón por la cual en el futuro deberemos seguir lamentando estos desastres, de los que nadie puede sentirse ajeno, porque sencillamente somos partes de estas comunidades insensibles, desorganizadas e irresponsables, que miran para otro lado, mientras el agua no nos llegue al cuello.






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