Mirar para otro lado es cobijar el problema

El Director Nacional de la DGI, Pablo Ferreri sostuvo tiempo atrás, que  el informalismo y el bagashopping, es “un problema social” donde “trabajan muchas familias” pese a sostener que tiene “un compromiso personal” en buscar una solución, la que debería obtenerse de una mirada interinstitucional entre varios organismos del Estado.
La observación puede aceptarse, desde determinado punto de vista, pero jamás cuando el que lo sostienen es el principal jerarca del organismo de recaudación por excelencia del gobierno nacional.
Y entiéndase bien – no ignoramos que hay gente que trabaja y vive de un menguado sueldito que obtiene en el “bagashopping” y no estamos contra ellos – pero hablar en términos generales en absolutamente temerario.
Desde el extremo opuesto de la cuestión, también puede mirarse el problema desde los lujosos coches de varios de los dueños de los puestos, revestidos de costosa cerámica y equipos de aire acondicionado.
Pero lo más temerario de esto, es el mensaje que se da cuando se usa este aspecto como justificativo para no hacer nada.
Este aspecto pasa a funcionar como un “escudo humano”, para todo lo demás. Esta es la cuestión, si bajamos los brazos por el “problema social”, que puede representar para 40 o 50 personas, estamos dejándoles el campo libre a los señores de las camionetas 4 x 4, que llegan a media mañana a tomar mate y controlar “su personal”.
A ellos les estamos dando entonces el mensaje de que si tienen más gente dependiente, si son más, nadie los tocará, temeroso de causar “un problema social”.
En tanto sería interesante conocer la vía de llegada del contrabando. Cuando se “libera” el pasaje al contrabando, no se controla nada y por lo tanto dentro de esos bolsos que pasan amontonados en la Aduana, por el río o cualquier otra vía, puede venir ropa, pero también puede venir cualquier otra cosa, como ha quedado demostrado en varias oportunidades, en las que se ha incautado droga “pesada”, porque como se ha indicado hace ya un par de años, la corrupción abona el campo para el narcotráfico y el contrabando “florece” en un ambiente de total corrupción, por más que algunos “estudios” indiquen que Uruguay es la nación con menor índice de corrupción en la región, no es lo que muestra la realidad aquí, lamentablemente. ¿Será este también un problema social?.
Por el momento no ha habido fuerza, ni gobierno alguno capaz de hincarle el diente a fondo.
Alberto Rodríguez Díaz

El Director Nacional de la DGI, Pablo Ferreri sostuvo tiempo atrás, que  el informalismo y el bagashopping, es “un problema social” donde “trabajan muchas familias” pese a sostener que tiene “un compromiso personal” en buscar una solución, la que debería obtenerse de una mirada interinstitucional entre varios organismos del Estado.

La observación puede aceptarse, desde determinado punto de vista, pero jamás cuando el que lo sostienen es el principal jerarca del organismo de recaudación por excelencia del gobierno nacional.

Y entiéndase bien – no ignoramos que hay gente que trabaja y vive de un menguado sueldito que obtiene en el “bagashopping” y no estamos contra ellos – pero hablar en términos generales en absolutamente temerario.

Desde el extremo opuesto de la cuestión, también puede mirarse el problema desde los lujosos coches de varios de los dueños de los puestos, revestidos de costosa cerámica y equipos de aire acondicionado.

Pero lo más temerario de esto, es el mensaje que se da cuando se usa este aspecto como justificativo para no hacer nada.

Este aspecto pasa a funcionar como un “escudo humano”, para todo lo demás. Esta es la cuestión, si bajamos los brazos por el “problema social”, que puede representar para 40 o 50 personas, estamos dejándoles el campo libre a los señores de las camionetas 4 x 4, que llegan a media mañana a tomar mate y controlar “su personal”.

A ellos les estamos dando entonces el mensaje de que si tienen más gente dependiente, si son más, nadie los tocará, temeroso de causar “un problema social”.

En tanto sería interesante conocer la vía de llegada del contrabando. Cuando se “libera” el pasaje al contrabando, no se controla nada y por lo tanto dentro de esos bolsos que pasan amontonados en la Aduana, por el río o cualquier otra vía, puede venir ropa, pero también puede venir cualquier otra cosa, como ha quedado demostrado en varias oportunidades, en las que se ha incautado droga “pesada”, porque como se ha indicado hace ya un par de años, la corrupción abona el campo para el narcotráfico y el contrabando “florece” en un ambiente de total corrupción, por más que algunos “estudios” indiquen que Uruguay es la nación con menor índice de corrupción en la región, no es lo que muestra la realidad aquí, lamentablemente. ¿Será este también un problema social?.

Por el momento no ha habido fuerza, ni gobierno alguno capaz de hincarle el diente a fondo.

Alberto Rodríguez Díaz