Monumentos históricos: entre la nostalgia y el desarrollo

Que un pueblo recuerde sus orígenes, de donde proviene, como fue forjado y las vicisitudes que debió superar para llegar a su realidad actual, nos parece muy acertado.

Que preserve y mantenga debidamente aquellos elementos emblemáticos de su pasado y de la lucha de sus pioneros para forjar los tiempos modernos, es de justicia.

Pero la cuestión está en determinar debidamente los límites en que debe fijarse a esta acción, para que no se constituya en un ancla para el futuro.

La prueba de ello es – tal como lo hemos comentado en estas columnas – varias edificaciones señoriales de décadas pasadas, que hoy convertidas en ruinas constituyen verdaderos “esqueletos” a los que nadie puede tocar, ni se pueden vender a precios de mercado, pese a su inmejorable ubicación en pleno centro, debido al impedimento de hacerles transformaciones que afecten  sus elementos arquitectónicos emblemáticos.

Salto necesita revisar estas disposiciones, en cuanto existe un importante radio urbano que se halla bajo estas condicionantes y no todas las edificaciones justifican su mantenimiento como patrimonios históricos.

Más de uno se ha convertido en verdaderas ruinas, cuevas de alimañas en pleno centro.

En otras áreas, como la portuaria, mucho nos tememos que las disposiciones –que compartimos – contengan exigencias desmedidas que impidan darle al área portuaria, zona muy importante para cualquier ciudad del mundo, el atractivo y las características que requiere como un paseo público disfrutable por la comunidad.

Conseguir la declaración de Monumento Histórico, es un buen paso, pero al mismo tiempo, en el caso de edificaciones públicas, como sucede en el área portuaria y del ferrocarril noroeste, se deben obtener paralelamente las mejoras correspondientes para darle vida.

Es de justicia hacer notar que en el caso de los galpones del ferrocarril noroeste, al menos, esto se ha conseguido en buena medida y las instalaciones albergan importantes actividades culturales y de servicio que encuentran en el lugar condiciones favorables para expresarse.

Sin duda que este es el camino acertado.