Mucho más allá de lo superficial

Entre los enfoques del tema seguridad que hemos escuchado, hay de una amplia gama. Desde quienes enfocan las posibles soluciones al problema con mayor represalia, medidas y sanciones más duras, hasta quienes todo lo justifican con enfoques sociales.
Para nosotros, tal como lo hemos expuesto innumerables veces en estas columnas, se trata de un tema de alta complejidad en el que confluyen tanto aspectos sociales, como la delincuencia, aspectos educativos y judiciales.
Quienes piensan que se soluciona endureciendo las penas, las leyes y reprimiendo mediante estas normas, se equivocan tanto como quienes todo lo justifican.
El delincuente que empuña un arma de fuego y sale dispuesto a matar y muchas veces mata a inocentes, puede haber sido a la vez víctima de una sociedad que sólo es capaz de mirarse el ombligo.
Una mayor represión es probable que saque de las calles a mucha de la gente que hoy delinque sin escrúpulo alguno. Pero detrás de esta generación de jóvenes que se los lleva a las cárceles, aparece como por arte de magia otra de adolescentes y niños que sienten que no les queda otro camino para satisfacer sus necesidades mínimas que delito.
En una palabra es lo único que han aprendido. Empuñar un arma de fuego para amenazar o matar si es necesario, como forma de obtener, usurpar diríamos los bienes que otros tienen y a los que ellos no pueden acceder.
La mirada “tradicional” o más represiva sostiene que se arregla con mano más dura, leyes más estrictas y respuesta acorde a la violencia que muestran los delincuentes. Quienes son capaces de ver más allá en la cuestión son capaces de observar el problema en toda su dimensión saben que ninguna de estas medidas adoptadas en forma independiente aportarán solución, a lo sumo permitirán un alivio momentáneo.
Cuando se encarcela a un delincuente y para nosotros todo aquel que delinque debe estar preso, no nos podemos desentender de todas las consecuencias que ello implica. Conocemos casos de niños que quedan abandonados a la buena de Dios, con padre y madre presos, ingresan a viviendas desocupadas o viven en la calle y no tienen otra posibilidad de alimentarse y subsistir que no sea robando y si es necesario hiriendo o matando.
Conocemos excepciones y sabemos de obras sociales muy loables, tanto estatales como privadas, pero tenemos claro que son excepciones y quizás por allí deberíamos transitar si queremos hallar caminos valederos.
Hallar una salida para esos niños y recuperar a todos quienes tengan interés en recuperarse, debe ser una obligación ineludible para todos si es que pretendemos asumir la cuestión con la seriedad y la responsabilidad que supone.
A.R.D.