Mujeres de negro: no es cuestión de género

Cuando vemos manifestaciones genéricas, como la recientemente concretada por el movimiendo denominado «Mujeres de Negro», responsabilizando exclusivamente a los hombres, por los actos de violencia doméstica, muchos de ellos fatales, entendemos que se comete el grave error de reducir el tema a un problema de género, cuando el problema va mucho más allá de eso.

Sin duda que la mayoría de los casos de violencia doméstica son cometidos por hombres.

Sin duda también que muchos de esos hombres han sido denunciados antes por sus acciones y se les ha impuesto prohibición de acercamiento a las víctimas, medida que por lo general no se respeta, porque salvo denuncia específica, no hay quien o quienes la hagan cumplir.

De allí que entendemos que este movimiento de mujeres sienta que tiene suficientes argumentos como para unirse en torno al género y reclamar lo que entienden como la vigencia de sus derechos. No dudamos que estas mujeres hayan sido víctimas de casos concretos de violencia desde el sexo opuesto.

Pero esto no significa que los hombres, todos los hombres, deban ser demonizados y responsabilizados en exclusividad de los actos de violencia, en cambio las mujeres consideradas totalmente inocentes y libres de culpa y cargo.

Es más, conocemos casos en que éstas han sido responsables de acciones tremendamente nocivas y dañinas, sobre todo cuando hay niños de por medio. Sería interesante visitar los juzgados de familia, para conocer más de cerca  los detalles de esta problemática.

La violencia como forma de «resolver» los conflictos o las diferencias viene casi con la condición humana en sí, tanto en el hombre como en la mujer. Existen muchas formas de violencia que están en el origen del problema.

La agresión física es la resultante de situaciones generalmente de larga data que se van acumulando y en algún momento hacen eclosión.

De allí que el camino es largo y difícil, si queremos lograr una sociedad menos violenta, con mayor diálogo y entendimiento y menos conflictos.

Estas situaciones deben ser erradicadas con firmeza desde temprana edad. Desde la escuela, donde no debe prevalecer ningún atisbo de violencia o de imposición por la fuerza, sino de la razón, de la justicia y de la convicción como forma de convivencia.

De una cosa estamos seguros. Reducir la violencia doméstica a un problema de género, es errar el camino desde el principio.

Una sociedad más justa y pacífica requiere un análisis profundo y sincero de todas las causas del problema.