Muy difícil de entender

A pocas horas de haber sido liberado- por no tener sentencia – tras 60 días de haber cometido su segundo homicidio, «El Pelón», cometió su tercer homicidio y en estos momentos recién fue a parar a un establecimiento que supone la prohibición de libertad.

Se protege mucho más y se reclama mucho más por los derechos de los victimarios que de las víctimas.

El argumento de la Apelación para respaldar al juez de ciudad de la Costa, Juvenal Javier quien el año pasado resolvió la  liberación del adolescente internado ya con dos homicidios en su haber, fue que la privación de la libertad debe ser la medida extrema, cuando se entiende que ya no queda ninguna otra para intentar.

La resolución del tribunal confirmó la decisión que había tomado el magistrado  y remarcó que el Código de la Niñez y la Adolescencia (CNA) establece que la internación «es la última de las medidas a disponer», respecto de un menor infractor. Por lo tanto, sin sentencia, debe cesar el encierro, opinó la sala (el Observador 5/11/2011).

Hay que señalar que hasta el momento un elemento esencial para la decisión del juez radica en el informe que los técnicos del INAU deben entregar al juez, que tienen carácter de preceptivos, esto es, que sin ellos no puede dictar sentencia.

En ocasión de liberar al menor el Dr. Javier había sostenido «Cabe preguntarse cómo, sin tales aportes técnicos realizados por expertos con formación universitaria puede el juez apreciar si el adolescente tiene o no posibilidades de vivir en libertad».

Realmente es esto difícil de entender. Aún cuando compartimos que todo el esfuerzo debe estar orientado a la recuperación de estos menores, a tratar de darles oportunidad para su rehabilitación, cuando se pierde de vista la peligrosidad que supone su accionar en estos momentos, estamos al filo de excedernos en el pregonado respeto a sus derechos, porque precisamente estamos afectando el derecho de terceros.

Lamentablemente cuando se trata de menores peligrosos, todo indica que lo prudente es sacarlos de circulación y tratarlos, hasta que realmente tengamos suficientes elementos como para creer que no habrán de reincidir en episodios de extrema violencia como los que nos ocupan.

Se protege mucho más y se reclama mucho más por los derechos de los victimarios que de las víctimas. Nos preguntamos qué opinión tendrán las familias de las tres víctimas del menor  no porque busquemos sensacionalismo, sino porque realmente para entender la gravedad de algunos temas, es casi imprescindible vivirlas.