Muy grave

El Ministro del Interior Eduardo Bonomi ha realizado recientemente una acusación muy grave al seno del Instituto Policial, afirmó que varios patrulleros nuevos, aparecieron rotos con claros signos de haber sido deteriorados intencionalmente.

Dijo que el hecho se ha consumado como una forma de protesta a los planes de la reestructura del cuerpo que se está llevando adelante.

Hay gente que se siente cómoda con la situación y su protesta va contra los planes de reestructura, que no comparten, manifestó el Ministro.

De ser así, la cuestión es muy grave. Se está afirmando nada menos que estos policías son capaces de dañar el equipamiento que se les proporciona con tal de no ceñirse a las nuevas disposiciones que buscan dar a la población mayor seguridad.

Entendemos que la cuestión requiere de una aclaración profunda y muy contundente, porque en caso de que realmente sea como afirma el Ministro, estaríamos ante una acción delictiva, de las que precisamente la policía debería de perseguir y llevar a los juzgados penales.

Lamentablemente no sería una sorpresa en lo personal, confirmar la existencia de estos malos policías, que no están dispuestos a ser sacados de su comodidad, por no llamarle de otra manera, para poner en práctica nuevas políticas de seguridad.

De todas formas, resulta temerario hacer tamaña afirmación sin dar a conocer detalles concretos de lo que se afirma.

Se ha expresado que las fiscalizaciones del ministerio constataron fallas en las luces y motores con claros signos de intencionalidad. En otros casos, deterioros de los vehículos que se podrían haber salvado si se hubieran tomado medidas a tiempo, informaron a Últimas Noticias fuentes de la investigación. (Observa. Com 20/01/2012)

La cuestión es en qué medida la policía está obrando corporativamente y por lo tanto los hechos que se registran por parte de integrantes del cuerpo se cubren con el manto de silencio que entienden impiden hablar de un compañero de funciones y cómo y cuando se prioriza – como debe ser – el cumplimiento del deber por sobre cualquier otra actitud.

La Policía debe entender que la credibilidad de la población no se decreta, se gana. Cuando alguien entiende que por ser la autoridad, puede obrar como se le antoja y hacer lo que mejor le viene en gana, está errando feo.

La transparencia en las acciones de la policía es el único camino que puede devolverle la credibilidad de la población y si tiene o no credibilidad, no es la propia policía la que habrá de determinarlo, sino que es en definitiva la población, que aunque prefiera guardar silencio, con su actitud demuestra confianza o desconfianza hacia los efectivos policiales y además difícilmente separa a quien puede obrar correctamente, de quien es conocido precisamente por obrar de distinta manera.

Alguna vez habrá que entenderlo.







Recepción de Avisos Clasificados