Nada para festejar

Por estos días hemos escuchado una referencia de satisfacción emanada desde el Ministerio del Interior, porque la cifra anual de rapiñas en el país ha disminuido.
En estas columnas nos hemos ocupado de estos temas y las cifras son las siguientes: 20.372 rapiñas fueron cometidas en el año 2016 y 19.418 en el 2017.
Las rapiñas son hurtos cometidos con violencia, e incluso pueden ser con desenlace fatal, es decir con algún muerto.
¿Puede un país “festejar” que hayan bajado de 20.372 a 19.418 las rapiñas en el año?. ¿Esto es menos de mil de estos delitos? ¿Qué nos está pasando? En el orden de las 20 mil rapiñas anuales para nuestro país es una afrenta, realmente inadmisible. Más de cincuenta de estos hechos por día, cuando entendemos que no debiera producirse uno sólo.
¿Cuándo seremos capaces de revisar en profundidad lo que se está haciendo para evitar que haya armas de fuego en las calles, para saber por qué hay gente decidida a todo, incluso a robar y matar para quedarse con lo que no es suyo?
No ignoramos que la seguridad es el talón de Aquiles de cualquier sistema político y en especial para un período de gobierno.
No somos partidarios de tratar de solucionar una situación agravando las penas, endureciendo las sanciones ni mucho menos de la ley del talión “ojo por ojo y diente por diente”, pero si compartimos que a los autores de estos delitos, que tienen a mal traer a todo el país, se los sancione como corresponde. Ni más de lo que exige la ley ni tampoco menos.
Hoy lamentablemente existen formas de reducción de penas que aún en el caso de los máximos, 30 años de prisión más 15 de medidas de seguridad, es factible reducir esta sanción hasta algo más de la tercera parte y este mensaje es para los legisladores que han establecido el sistema.
No es el camino adecuado. Si pretendemos cambiar esta realidad, lo primero es determinar las causas del problema, tema del cual hemos venido hablando en estos días, pero luego el mayor esfuerzo debe estar dedicado a la educación y a la difusión de valores desde edades muy tempranas, porque si no cambiamos esto desde el Jardín de Infantes no lo cambiamos más.
Pretender enfrentar la situación sólo con el endurecimiento de las penas es para nosotros un error. Nos guste o no nos guste, mientras haya gente a la que le da lo mismo lastimar o incluso matar para quitarle a otra persona lo que él quiere, porque sabe que su vida en la calle sin recursos no es muy diferente a lo que le espera en la cárcel, entonces no habrá forma de cambiar nada.
A.R.D.







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