Nadie puede obligar a matar

La objeción de conciencia es un derecho inalienable, porque en definitiva nadie, ninguna ley humana puede obligar a matar y en el caso del aborto de esto se trata.
La objeción de conciencia que han argumentado los ginecólogos de Salto, Paysandú, Tacuarembó y Colonia está dentro de los derechos de los profesionales e intentar burlar legalmente este derecho de alguna forma raya en lo irracional.
Los lectores de estas columnas conocen nuestra posición contraria al aborto, por varios motivos y fundamentalmente porque defendemos la vida por sobre cualquier otro derecho humano.
No tenemos duda alguna que la realización de un aborto, esto es la “interrupción de una vida”, para decirlo con el eufemismo que se prefiere aludir al aborto por parte de sus defensores, deja huellas psicológicas, profundas huellas diríamos, tanto en los profesionales que participan en él, como en las madres que optan por realizárselo.
En contrapartida, las madres y aquellas personas que han decidido tener y criar a su niños a pesar de que se les informó que tenían el Síndrome de Down o alguna discapacidad y saben que esto supondrá enormes sacrificios de por vida, nos resultan dignas de la mayor admiración.
Es que a pesar de lo que determine la ciencia, nadie puede determinar el beneficio espiritual que puede aportar a una persona cuando asume un sacrificio de este tipo, así deba dedicarse por entero el resto de sus días a atenderla.
Respetar la decisión de cada persona en este sentido, es lo esencial y el derecho elemental en este sentido es precisamente el de nacer, tal como la naturaleza lo establece para todo el reino animal.
Esto sin desconocer que además existen motivos religiosos muy fuertes, como otros sencillamente humanitarios, para oponerse a una medida de este tipo.
Determinar si alguien nace o no, es adueñarse del mundo en que vivimos y nadie debe abrogarse esta potestad.
La objeción de conciencia que han hecho los médicos ginecólogos aludidos mueven nuestro más profundo respeto y la actitud de estos profesionales nos enorgullece.
¡Ojalá así se lo entienda!
Alberto Rodríguez Díaz

La objeción de conciencia es un derecho inalienable, porque en definitiva nadie, ninguna ley humana puede obligar a matar y en el caso del aborto de esto se trata.

La objeción de conciencia que han argumentado los ginecólogos de Salto, Paysandú, Tacuarembó y Colonia está dentro deAbortoNO los derechos de los profesionales e intentar burlar legalmente este derecho de alguna forma raya en lo irracional.

Los lectores de estas columnas conocen nuestra posición contraria al aborto, por varios motivos y fundamentalmente porque defendemos la vida por sobre cualquier otro derecho humano.

No tenemos duda alguna que la realización de un aborto, esto es la “interrupción de una vida”, para decirlo con el eufemismo que se prefiere aludir al aborto por parte de sus defensores, deja huellas psicológicas, profundas huellas diríamos, tanto en los profesionales que participan en él, como en las madres que optan por realizárselo.

En contrapartida, las madres y aquellas personas que han decidido tener y criar a su niños a pesar de que se les informó que tenían el Síndrome de Down o alguna discapacidad y saben que esto supondrá enormes sacrificios de por vida, nos resultan dignas de la mayor admiración.

Es que a pesar de lo que determine la ciencia, nadie puede determinar el beneficio espiritual que puede aportar a una persona cuando asume un sacrificio de este tipo, así deba dedicarse por entero el resto de sus días a atenderla.

Respetar la decisión de cada persona en este sentido, es lo esencial y el derecho elemental en este sentido es precisamente el de nacer, tal como la naturaleza lo establece para todo el reino animal.

Esto sin desconocer que además existen motivos religiosos muy fuertes, como otros sencillamente humanitarios, para oponerse a una medida de este tipo.

Determinar si alguien nace o no, es adueñarse del mundo en que vivimos y nadie debe abrogarse esta potestad.

La objeción de conciencia que han hecho los médicos ginecólogos aludidos mueven nuestro más profundo respeto y la actitud de estos profesionales nos enorgullece.

¡Ojalá así se lo entienda!

Alberto Rodríguez Díaz