Nadie puede proteger a quien no quiere protegerse

Con motivo de la denominada “Noche de la Nostalgia” a realizarse el 24 de agosto, mañana, autoridades locales, Policía, Prefectura, Intendencia y Policía Caminera, ponen en práctica tradicionalmente un operativo de seguridad en el tránsito que apunta esencialmente a proteger y sacar de circulación a las personas irresponsables que beben en exceso y luego conducen vehículos.
Es un esfuerzo loable y seguramente imprescindible, cuyos resultados en los últimos años han sido muy satisfactorios, evitando que una noche de disfrute y de festejo, en que amigos se reúnen para rememorar los buenos momentos vividos en otros tiempos, terminen en tragedias que empañan y a veces tronchan abruptamente nuestra vida.
Pero al momento de evaluar las situaciones que se plantean en referencia al tránsito,  hay que tener muy en cuenta que sustancialmente no se puede proteger a quien no quiere protegerse, así sea circunstancialmente por haber perdido la sensatez debido al alcohol.
De allí que a nuestro criterio el mayor esfuerzo en este sentido debe ser realizado para evitar el consumo excesivo y aunque a algunos les resulte demasiado crudo, creemos que mostrar los accidentes fatales, como consecuencia de estos excesos es una de las formas más efectivas de propender a evitar los excesos.
No creemos que haya una  sola persona que no haya escuchado sobre los riesgos de conducir alcoholizado, causa mayoritaria de los accidentes o específicamente “siniestros” de tránsito porque nosotros mismos los buscamos.
Y esta es la cuestión, no es que haya nada malo en que  haya ocasiones en que en las fiestas de familiares o amigos se puedan consumir bebidas alcohólicas y los límites los pone quien bebe.
Tampoco hay nada malo en conducir un vehículo, con la prudencia y la responsabilidad que supone.
Pero lo que todo sabemos es que si juntamos estas dos acciones. Es decir si alguien que ha bebido en demasía – quien se excede difícilmente lo reconoce así – luego conduce un vehículo entonces sí hay riesgo, para sí  y para otras personas ya sean acompañantes o sencillamente que se atraviesen en la vía pública muchas veces sin tener absolutamente ninguna relación con el protagonista.
La mayor responsabilidad y quienes más podemos hacer por nosotros mismos, somos nosotros, si no queremos cuidarnos, al menos no tenemos derecho luego a quejarnos de supuestos errores o deficiencias en los operativos, tratando de atribuir culpas a quienes no las tienen.
Esta es la cuestión. No lo olvidemos.

Con motivo de la denominada “Noche de la Nostalgia” a realizarse el 24 de agosto, mañana, autoridades locales, Policía, Prefectura, Intendencia y Policía Caminera, ponen en práctica tradicionalmente un operativo de seguridad en el tránsito que apunta esencialmente a proteger y sacar de circulación a las personas irresponsables que beben en exceso y luego conducen vehículos.

Es un esfuerzo loable y seguramente imprescindible, cuyos resultados en los últimos años han sido muy satisfactorios, evitando que una noche de disfrute y de festejo, en que amigos se reúnen para rememorar los buenos momentos vividos en otros tiempos, terminen en tragedias que empañan y a veces tronchan abruptamente nuestra vida.

Pero al momento de evaluar las situaciones que se plantean en referencia al tránsito,  hay que tener muy en cuenta que sustancialmente no se puede proteger a quien no quiere protegerse, así sea circunstancialmente por haber perdido la sensatez debido al alcohol.

De allí que a nuestro criterio el mayor esfuerzo en este sentido debe ser realizado para evitar el consumo excesivo y aunque a algunos les resulte demasiado crudo, creemos que mostrar los accidentes fatales, como consecuencia de estos excesos es una de las formas más efectivas de propender a evitar los excesos.

No creemos que haya una  sola persona que no haya escuchado sobre los riesgos de conducir alcoholizado, causa mayoritaria de los accidentes o específicamente “siniestros” de tránsito porque nosotros mismos los buscamos.

Y esta es la cuestión, no es que haya nada malo en que  haya ocasiones en que en las fiestas de familiares o amigos se puedan consumir bebidas alcohólicas y los límites los pone quien bebe.

Tampoco hay nada malo en conducir un vehículo, con la prudencia y la responsabilidad que supone.

Pero lo que todo sabemos es que si juntamos estas dos acciones. Es decir si alguien que ha bebido en demasía – quien se excede difícilmente lo reconoce así – luego conduce un vehículo entonces sí hay riesgo, para sí  y para otras personas ya sean acompañantes o sencillamente que se atraviesen en la vía pública muchas veces sin tener absolutamente ninguna relación con el protagonista.

La mayor responsabilidad y quienes más podemos hacer por nosotros mismos, somos nosotros, si no queremos cuidarnos, al menos no tenemos derecho luego a quejarnos de supuestos errores o deficiencias en los operativos, tratando de atribuir culpas a quienes no las tienen.

Esta es la cuestión. No lo olvidemos.