Ni contra la mujer ni contra nadie

Se conmemoró ayer el Día de la No Violencia Contra la Mujer, con enunciados que compartimos y que apuntan a terminar con cualquier tipo de violencia, física, psicológica y demás contra la mujer, en algún momento considerado el “sexo débil”, término hoy frontalmente rechazado sobre todo por  las mujeres, porque muchas veces precisamente el hombre golpeador está manifestando un inferioridad frente al congénere al que no puede convencer o dominar de alguna forma y por lo tanto no encuentra otra vía para hacerlo que la del golpe.
Ahora bien, el hecho de que compartamos los enunciados que apuntan en este sentido, no quiere decir que los consideremos suficientes, cuando se trata de terminar o disminuir al máximo al menos la violencia entre géneros, o lo que sería una denominación más adecuada, entre los individuos que componen la comunidad. Esto es, cualquier tipo de discriminación, por sexo, edad, raza, color de piel, ideología u otros elementos, debe ser frontalmente rechazado, provenga del individuo que provenga, hombre o mujer.
Decimos estos, porque no sólo se trata de un derecho de la mujer, sino de toda persona humana y para ser honestos hay que decir que hoy existe también un buen número de casos de violencia, no física, pero sí psicológica, de mujeres hacia hombres.
Es cierto que hay una diferencia en cuanto a  las cifras de los casos de extrema gravedad. Esto es, difícilmente una mujer llegue a matar, siquiera por defensa propia, en cambio el hombre mata, porque cuando está convencido de que no logrará su propósito de otra forma, termina recurriendo al homicidio.
Esto lleva a que consideremos acertado anteponer en esta lucha por la no violencia, la situación de la mujer, víctima más frecuente de los casos de violencia, pero eso no debe hacernos olvidar que no es la única víctima y sobre todo que una comunidad donde se respetaran sólo los derechos de la mujer no sería la adecuada.
La lucha para lograr una comunidad más justa y respetuosa de los derechos de todos sus integrantes no admite vacilaciones ni menos demoras. Es importante pararse tajantemente contra la violencia doméstica, un mal hoy muy extendido entre nosotros, pero también es necesario llegar mucho más allá de las marchas  las manifestaciones, hurgando en todos los casos y las situaciones, para que realmente conozcamos la realidad.
Con los pies sobre la tierra debemos admitir que hoy tenemos una sociedad conflictiva, individualista, materialista, obnubilada por alcanzar dinero, poder, confort, de la manera que sea y en este camino muchas veces los conflictos se “resuelven” mediante la violencia.
No es una vía que nos ha llegado por generación espontánea, es el fruto de una sociedad que ha sido corroída por una pérdida de valores gradual y permanente que nos ha cegado y embretado en la actual situación.
Ojalá seamos capaces de reconocerla y dominarla a tiempo, antes que nos siga dejando una profunda huella de dolor.
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Se conmemoró ayer el Día de la No Violencia Contra la Mujer, con enunciados que compartimos y que apuntan a terminar con cualquier tipo de violencia, física, psicológica y demás contra la mujer, en algún momento considerado el “sexo débil”, término hoy frontalmente rechazado sobre todo por  las mujeres, porque muchas veces precisamente el hombre golpeador está manifestando un inferioridad frente al congénere al que no puede convencer o dominar de alguna forma y por lo tanto no encuentra otra vía para hacerlo que la del golpe.

Ahora bien, el hecho de que compartamos los enunciados que apuntan en este sentido, no quiere decir que los consideremos suficientes, cuando se trata de terminar o disminuir al máximo al menos la violencia entre géneros, o lo que sería una denominación más adecuada, entre los individuos que componen la comunidad. Esto es, cualquier tipo de discriminación, por sexo, edad, raza, color de piel, ideología u otros elementos, debe ser frontalmente rechazado, provenga del individuo que provenga, hombre o mujer.

Decimos estos, porque no sólo se trata de un derecho de la mujer, sino de toda persona humana y para ser honestos hay que decir que hoy existe también un buen número de casos de violencia, no física, pero sí psicológica, de mujeres hacia hombres.

Es cierto que hay una diferencia en cuanto a  las cifras de los casos de extrema gravedad. Esto es, difícilmente una mujer llegue a matar, siquiera por defensa propia, en cambio el hombre mata, porque cuando está convencido de que no logrará su propósito de otra forma, termina recurriendo al homicidio.

Esto lleva a que consideremos acertado anteponer en esta lucha por la no violencia, la situación de la mujer, víctima más frecuente de los casos de violencia, pero eso no debe hacernos olvidar que no es la única víctima y sobre todo que una comunidad donde se respetaran sólo los derechos de la mujer no sería la adecuada.

La lucha para lograr una comunidad más justa y respetuosa de los derechos de todos sus integrantes no admite vacilaciones ni menos demoras. Es importante pararse tajantemente contra la violencia doméstica, un mal hoy muy extendido entre nosotros, pero también es necesario llegar mucho más allá de las marchas  las manifestaciones, hurgando en todos los casos y las situaciones, para que realmente conozcamos la realidad.

Con los pies sobre la tierra debemos admitir que hoy tenemos una sociedad conflictiva, individualista, materialista, obnubilada por alcanzar dinero, poder, confort, de la manera que sea y en este camino muchas veces los conflictos se “resuelven” mediante la violencia.

No es una vía que nos ha llegado por generación espontánea, es el fruto de una sociedad que ha sido corroída por una pérdida de valores gradual y permanente que nos ha cegado y embretado en la actual situación.

Ojalá seamos capaces de reconocerla y dominarla a tiempo, antes que nos siga dejando una profunda huella de dolor.