Ni el mejor seguro reparará nunca todo el daño

Ayer miércoles 19 de agosto entró en vigencia la ley de creación de un Seguro Obligatorio contra Automotores (SOA). Pese a ello, aún restan algunos ajustes que postergarán el inicio del control de la normativa, sobre todo a nivel departamental.
Solamente en Montevideo se estima que hay unos 150.000 vehículos y 50.000 motos sin póliza.
El seguro obligatorio contra terceros tendrá una cobertura máxima de 150 mil Unidades Indexadas (UI) por vehículo y por accidente durante el primer año de vigencia de la ley. Esto equivale actualmente a $ 300 mil (alrededor de 13.000 dólares a la cotización actual).
Según manifestó el presidente del Banco de Seguros ayer a El Observador, este límite máximo de cobertura se aumentará progresivamente con el transcurso de los años. Está previsto que para el tercer año de aplicación alcance las 250 mi UI, unos $500 mil (más de 20 mil dólares a la cotización actual).
Sólo en Salto hay alrededor de 40 mil motos y un ínfimo porcentaje de ellas cuenta actualmente con seguro.
La exigencia abarca a todo tipo de vehículos y todo tipo de motos, aunque en principio quedan exentas de pago las de 50 CC, que de todas formas tendrán seguro a cargo del Estado.
La disposición apunta a proteger a las víctimas de accidentes, dado que no alcanza otra reparación que no sea la de daños personales.
El fin es inobjetable, en cuanto al día de hoy, a las víctimas les resulta prácticamente imposible de lograr reparación alguna cuando quien les ha causado lesiones no tiene seguro o no tiene bienes.
Esta orfandad será contemplada en el futuro, con esta especie de seguro social. En contrapartida, podría plantearse una situación diferente a la que se pretende, sobre todo cuando se trate de menores de edad, dado que sabiendo que existe seguro, pueden entender que es “un daño menos” en caso de provocar accidentes, para las personas mayores que deben responder por ellos.
Entendemos que la medida es beneficiosa y contempla los intereses de personas desvalidas o de pocos recursos que hasta el momento por lo general estaban desamparadas y la propia burocracia de las leyes les dejaba hasta impedidos de litigar en la forma debida para reclamar sus derechos.
De todas formas, no se debe perder de vista que en definitiva, la cuestión del tránsito no tendrá una salida adecuada, no habrá un verdadero cambio en la situación, hasta que todos quienes conducimos algún tipo de vehículo no nos convenzamos de la necesidad imprescindible de ser prudentes y respetuosos de la disposiciones correspondientes.