Ni odio ni rencor: ¡Justicia!

Admito que me resulta difícil mantenerme con la mayor ecuanimidad posible cuando hablo del tema, pero personalmente entiendo que el asesino serial Pablo Goncálvez debe purgar el máximo de la pena que la Justicia uruguaya impone en estos casos.

Ya se ha beneficiado con cuatro años de reducción de su condena que inicialmente fue la máxima de treinta años y merced a lo dispuesto en el propio sistema, por buena conducta y estudios, se le rebajó a 26. Esto demuestra que el sistema no es de ojo por ojo ni de amedrentamiento. Se le concedió los beneficios comunes que la ley dispone, pero ya está. No más.

No nos dejamos llevar por nuestros impulsos, tratamos de mantenernos serenos y reflexivos antes de pronunciarnos. Pero de todas formas entendemos que no estamos ante un homicidio más. Estamos ante tres horrendos homicidios de personas inocentes, y en particular de una de las víctimas, persona sensible y humanitaria que fue cruelmente asesinada por Goncálvez que alevosamente utilizó la sensibilidad de esta persona para hacerla caer en lo que sería una  trampa mortal.

Es una herida que permanece abierta en la comunidad, al punto que hoy casi 20 años después de los hechos, siguen frescos en la memoria popular y n tenemos duda que es el sentir de la enorme mayoría del pueblo uruguayo.

Estamos ante un asesino serial, el primero que se conoce en nuestro país y quien nunca dio claras muestras de arrepentimiento de sus tremendos crímenes.

No nos oponemos a la posibilidades de recuperación de las personas que delinquen, siempre y cuando den claras muestras de arrepentimiento y según haya sido el daño perpetrado contra los demás y la sociedad en su conjnto. Creemos en la posibilidad dereeducación, pero no extendida como cheque en blanco por aspectos técnicosa, como puede ser el cumplimiento de determinado porcentaje de la pena. Por un mínimo de sentido común, tampoco creemos que sea reduciendo a diestra y siniestra las penas, en aquellos casos de mayor gravedad que avanzaremos hacia la erradicación de estos casos de inusitada crueldad.

Y no nos mueve ni odio ni rencor hacia esta persona a quien no conocemos más que por fotografías.

Tratamos incluso de mantenernos al margen de las manifestaciones masivas, que pueden salpicarse de pasión impulsiva o intereses puntuales.

Nos mueve el deseo humanista de ser coherentes en la defensa de la vida, de los derechos de las personas y de la condena en todo el rigor que la ley establece para quien le ignora y es capaz de realizar las acciones más drásticamente sancionadas precisamente porque se consideran las más aberrantes y quizás confiando en que tampoco estarán toda la vida en la cárcel.

Por lo tanto reiteramos, sin odio, sin rencor y con el más estricto sentido de justicia, creemos que el homicida de referencia debe purgar en prisión, hasta el último día de su pena.

Alberto Rodríguez Díaz.

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