Ni tan, tan ni muy, muy

Los senadores del Partido Nacional han presentado un proyecto de ley que extiende el concepto de “legítima defensa” en el caso de los policías que enfrenten a delincuentes armados. Algunos de los aspectos que hoy se pretenden ampliar, ya existen en la actual legislación.
Voceros del Ministerio del Interior consideran que el proyecto, peligroso “porque puede permitir un uso abusivo del accionar policial, lo cual no podemos permitir, manifestó Charles Carrera, Director General del Interior en la página web del ministerio.
En una opinión editorial consideró que el proyecto “es un verdadero exponente“ de la corriente determinada “populismo penal”.
Por su parte el senador Luis Alberto Lacalle Pou, líder del sector Aire Fresco escribió “no sólo fracasaron, sino que perdieron las referencias”.
Hasta aquí la cuestión entendemos que tanto a unos como a otros les asiste parte de razón y también parte de error.
No se puede ignorar que la Policía para actuar contra los delincuentes tiene que sentirse muy bien respaldada, porque cualquier duda o incertidumbre le puede resultar nefasta.
Esto ha costado lamentablemente más de una vida.
Pero tampoco se puede ignorar que en algunas ocasiones el apresuramiento policial ha puesto en riesgo la vida de gente que no estaba delinquiendo o sencillamente se había atemorizado ante la presencia policial.
Como en todos los temas, los extremos son malos, las radicalizaciones son malas y sobre todo las generalizaciones son malas.
Tratándose de policías honestos, profesionalmente bien formados y conocedores de sus deberes y derechos como corresponde, nada, ni nadie oponerse a que se los proteja más y se les dé las garantías que corresponde para su accionar, cuando están arriesgando su vida.
La cuestión, por lo tanto, radica en la preparación y el profesionalismo policial, el que no sólo debe ser asegurado, sino también supervisado constantemente para evitar que se cometan excesos.
El temor del propio ministerio del interior es que las nuevas disposiciones fomenten el denominado “gatillo fácil”, que consiste en disparar contra “todo lo que se mueve” en determinadas situaciones, que incluso ha servido para otros fines, cuando se trata de policías involucrados con la delincuencia, como lamentablemente ha sucedido, que con las leyes como están hoy consistirían en delitos.
Ojalá se encuentre el camino correcto en esta delicada cuestión.