Ni tanto ni tan poco

LLos seres humanos tenemos tendencia a simplificar los temas, a efectos de opinar y fijar posición con el menor compromiso posible. Esta simplificación invariablemente nos lleva a tomar distancia de los problemas y a echar culpas exclusivamente a los demás.
Si alguien está pasando penurias es “porque no quiere trabajar”, si ha sido procesado por contrabando o algo similar es porque “él se lo ha buscado”…
Esta tendencia a ver todo en blanco y negro esconde en realidad el temor a hurgar y profundizar en los temas, porque de hacerlo probablemente encontraríamos que existe también una responsabilidad comunitaria, una culpa que en alguna medida también nos alcanza.
Seguramente que hay personas que rehuyen el trabajo, y sobre todo rehuyen el sacrificio.
Más de una persona prefiere quedarse en casa recibiendo algún tipo de ayuda social -no todos la tienen – y nadie vive de una ayuda social, porque esta es precisamente eso una “ayuda” y no alcanzará jamás para vivir exclusivamente de ella, salvo con necesidades de todo tipo, antes que trabajar por un sueldo mínimo.
Entendemos que no sería conveniente que esta gente se acostumbrara a ser mantenida y vivir del Estado, sobre todo porque sería injusto con el resto de la sociedad.
Ahora bien, hay que saber que no todos se niegan a trabajar y por lo tanto generalizar al punto de afirmar que ninguno de ellos quiere trabajar, es correr el riesgo de ser injustos. Basta que haya alguien dispuesto a sacrificarse para que esta generalización se vuelva injusta.
Pero aún quienes no tienen hábitos de trabajo, no han nacido así seguramente, sino que estos es producto de una formación, de lo que se les ha inculcado, de las condiciones de vida que les mostró la misma sociedad. Hijos sin padres,sin madres,abandonados a su suerte desde muy niños y cuando esto decimos no olvidamos que somos parte de ella y por lo tanto también tenemos culpa.
Es el fruto de haber dejado la puerta abierta a ciertas políticas que pregonaban el “vale todo”, el “hacé la tuya”, “el fin justifica los medios” y demás, sabíamos que algún día serían tantos los que buscarían la plata fácil, procurarían “hacer la suya” sin sacrificio, pero la mayoría prefirió desentenderse del tema.
Esto es lo que tenemos hoy y estamos corriendo riesgo de asistir a una comunidad donde cada vez serán más los que estarán agazados esperando la oportunidad propicia para quitar, usurpar o robar lo ajeno, que los que han aprovechado el tiempo para formarse, para aquirir conocimiento o hacerse un lugar en la comunidad con trabajo honesto y decente y aspiran a vivir contranuilidad.
Como se un tema complejo, en el que lo peor que podemos hacer es afirmar que  no tenemos culpa alguna.

Los seres humanos tenemos tendencia a simplificar los temas, a efectos de opinar y fijar posición con el menor compromiso posible. Esta simplificación invariablemente nos lleva a tomar distancia de los problemas y a echar culpas exclusivamente a los demás.

Si alguien está pasando penurias es “porque no quiere trabajar”, si ha sido procesado por contrabando o algo similar es porque “él se lo ha buscado”…

Esta tendencia a ver todo en blanco y negro esconde en realidad el temor a hurgar y profundizar en los temas, porque de hacerlo probablemente encontraríamos que existe también una responsabilidad comunitaria, una culpa que en alguna medida también nos alcanza.

Seguramente que hay personas que rehuyen el trabajo, y sobre todo rehuyen el sacrificio.

Más de una persona prefiere quedarse en casa recibiendo algún tipo de ayuda social -no todos la tienen – y nadie vive de una ayuda social, porque esta es precisamente eso una “ayuda” y no alcanzará jamás para vivir exclusivamente de ella, salvo con necesidades de todo tipo, antes que trabajar por un sueldo mínimo.

Entendemos que no sería conveniente que esta gente se acostumbrara a ser mantenida y vivir del Estado, sobre todo porque sería injusto con el resto de la sociedad.

Ahora bien, hay que saber que no todos se niegan a trabajar y por lo tanto generalizar al punto de afirmar que ninguno de ellos quiere trabajar, es correr el riesgo de ser injustos. Basta que haya alguien dispuesto a sacrificarse para que esta generalización se vuelva injusta.

Pero aún quienes no tienen hábitos de trabajo, no han nacido así seguramente, sino que estos es producto de una formación, de lo que se les ha inculcado, de las condiciones de vida que les mostró la misma sociedad. Hijos sin padres,sin madres,abandonados a su suerte desde muy niños y cuando esto decimos no olvidamos que somos parte de ella y por lo tanto también tenemos culpa.

Es el fruto de haber dejado la puerta abierta a ciertas políticas que pregonaban el “vale todo”, el “hacé la tuya”, “el fin justifica los medios” y demás, sabíamos que algún día serían tantos los que buscarían la plata fácil, procurarían “hacer la suya” sin sacrificio, pero la mayoría prefirió desentenderse del tema.

Esto es lo que tenemos hoy y estamos corriendo riesgo de asistir a una comunidad donde cada vez serán más los que estarán agazados esperando la oportunidad propicia para quitar, usurpar o robar lo ajeno, que los que han aprovechado el tiempo para formarse, para aquirir conocimiento o hacerse un lugar en la comunidad con trabajo honesto y decente y aspiran a vivir contranuilidad.

Como se un tema complejo, en el que lo peor que podemos hacer es afirmar que  no tenemos culpa alguna.