Ni un paso atrás ante los cultores de terror

“Je suis Charlie”, fue y es la frase más esgrimida por los libres del mundo para homenajear a las doce personas que pagaron con su vida el hecho de trabajar o dirigir el semanario satírico francés “Charlie Hebdo”.
El demencial hecho ha puesto de manifiesto la triste paradoja que el humor es uno de los oficios más serios del mundo, sobre todo cuando se toma como materia prima la actualidad.
La masacre que ha conmovido al mundo por estos días prueba que una caricatura o una serie de ellas, puede ser tanto o más peligrosa que un arma de fuego y nos trae a colación una frase muy repetida años atrás: “la gente que nunca ríe es peligrosa…”.
Los humoristas de “Charlie Hebdo” quizás nunca se tomaron en serio las amenazas que les habían formulado desde los sectores extremistas del Islam, pero lamentablemente estos radicales no tienen reparo alguno a la hora de matar “en nombre de Mahoma”.
Seguramente tras este baño de sangre la humanidad tendrá que enfrentar otros similares, porque tanto en uno como en otro extremo de la realidad existen acciones demenciales como la que nos ocupa y las víctimas suelen ser seres incapaces de matar.
En el marco de esta situación lo mejor que puede hacer el mundo libre, amante de la libertad y sobre todo de la libre expresión del pensamiento, es demostrarle a todos los terroristas del mundo que ninguna barbarie será capaz de inmovilizarnos.
Podemos compartir o no, la línea del semanario atacado, no importa. Lo importante es que el repudio a estos crímenes debe ser unánime, porque no hay argumento alguno capaz de justificar tamaña barbarie.
Levantar en todos los rincones del planeta las mismas e inofensivas armas que los dibujantes asesinados, es decir la pluma, para pedir justicia y llevarlos ante la ley, es la mejor respuesta que podemos dar.
No es a sangre y balas que se puede imponer las ideas, sino a convicción, diálogo y la lucha pacífica.
Los violentos del mundo que pretenden imponer sus ideas de otra forma, deberán aprender de una respuesta serena, pero firme y masiva, que han cometido una crueldad feroz, que nadie puede siquiera explicarse tamaña reacción y por lo tanto lo que han hecho es sepultar el islamismo a punto tal que seguramente será blanco de otros atentados tan insensatos como los que ellos mismos acaban de cometer.

“Je suis Charlie”, fue y es la frase más esgrimida por los libres del mundo para homenajear a las doce personas que pagaron con su vida el hecho de trabajar o dirigir el semanario satírico francés “Charlie Hebdo”.

El demencial hecho ha puesto de manifiesto la triste paradoja que el humor es uno de los oficios más serios del mundo, sobre todo cuando se toma como materia prima la actualidad.

La masacre que ha conmovido al mundo por estos días prueba que una caricatura o una serie de ellas, puede ser tanto o más peligrosa que un arma de fuego y nos trae a colación una frase muy repetida años atrás: “la gente que nunca ríe es peligrosa…”.

Los humoristas de “Charlie Hebdo” quizás nunca se tomaron en serio las amenazas que les habían formulado desde los sectores extremistas del Islam, pero lamentablemente estos radicales no tienen reparo alguno a la hora de matar “en nombre de Mahoma”.

Seguramente tras este baño de sangre la humanidad tendrá que enfrentar otros similares, porque tanto en uno como en otro extremo de la realidad existen acciones demenciales como la que nos ocupa y las víctimas suelen ser seres incapaces de matar.

En el marco de esta situación lo mejor que puede hacer el mundo libre, amante de la libertad y sobre todo de la libre expresión del pensamiento, es demostrarle a todos los terroristas del mundo que ninguna barbarie será capaz de inmovilizarnos.

Podemos compartir o no, la línea del semanario atacado, no importa. Lo importante es que el repudio a estos crímenes debe ser unánime, porque no hay argumento alguno capaz de justificar tamaña barbarie.

Levantar en todos los rincones del planeta las mismas e inofensivas armas que los dibujantes asesinados, es decir la pluma, para pedir justicia y llevarlos ante la ley, es la mejor respuesta que podemos dar.

No es a sangre y balas que se puede imponer las ideas, sino a convicción, diálogo y la lucha pacífica.

Los violentos del mundo que pretenden imponer sus ideas de otra forma, deberán aprender de una respuesta serena, pero firme y masiva, que han cometido una crueldad feroz, que nadie puede siquiera explicarse tamaña reacción y por lo tanto lo que han hecho es sepultar el islamismo a punto tal que seguramente será blanco de otros atentados tan insensatos como los que ellos mismos acaban de cometer.