No agujeremos el barco en el que navegamos

Cuidar el medio ambiente es vital para los humanos. Es que aún falta mucho para entender, si es que llegamos a tiempo, porque como rezaban algunas pancartas en reciente manifestación “No hay planeta B”.
Una máxima atribuida a los indios piel roja de los Estados Unidos, reza: “Cuando muera el último pez, cuando caiga el último árbol, uds., se darán cuenta que el dinero no se come…”
Es sabiduría plena. La soberbia y la ambición humana que día a día nos demuestra que no tiene límites, ha desdeñado estas advertencias y aunque no lo confiese específicamente, confían en que el avance de la ciencia y la tecnología le pondrá definitivamente a salvo cuando termine destruirse el mundo.
Cuando la naturaleza ya no pueda subsistir, debido al derroche y la destrucción a la que le ha sometido permanentemente el ser humano. Cuando ya no queden peces en los ríos y mares. Cuando el agua dulce ya no pueda beberse, debido a la contaminación.
Cuando el aire que necesitamos para vivir esté tan contaminado que se vuelva irrespirable, quizás le demos a este tema la importancia que tiene.
No somos predictores de apocalipsis, de grandes e irreversibles catástrofes, sino sencillamente lectores analíticos de la situación global que se vive hoy, sin que los países más influyentes en este sentido, asuman la responsabilidad que les cabe por ello.
No pregonamos volver al tiempo de las cavernas, ni renegamos de los formidables avances de que disponemos hoy, pero pretendemos ser muy claros y firmes en cuanto a la necesidad de entender que la ambición no es buena consejera.
Explotar los recursos naturales, pero sin comprometer su subsistencia.
Servirnos de la naturaleza, sacar provecho de ella, pero preservando al mismo tiempo lo que hemos tomado prestado de las futuras generaciones, debe ser una premisa ineludible.
Cuando Salto Grande tomaba medidas para preservar la riqueza ictícola del río Uruguay, afectado por la construcción de la represa hidroeléctrica, escuchamos una máxima “no destruya el hombre lo que Dios le dio o vivirá en la miseria”.
Puede discreparse con el origen de la naturaleza. Lo que no puede desconocerse es cuanto dependemos de su preservación.
Ojalá lo entendamos a tiempo, porque somos pasajeros del mismo barco cuyo piso hoy estamos agujereando.
A.R.D.