No basta con endurecer las penas

El endurecimiento de las penas contra quienes comercialicen pasta base de cocaína, tema actualmente en discusión en el trámite parlamentario, admite dos lecturas. Por una parte, la necesaria condena a quienes no tienen el menor escrúpulo en introducir al país y prestarse a un aberrante comercio que destruye a nuestros jóvenes y por otro lado, la preocupación que incluso han manifestado fuentes del gobierno nacional, en cuanto a que algunas personas de los sectores más empobrecidos caen en este “negocio” que les ofrece plata fácil, llevadas por la necesidad precisamente de conseguir dinero para sus necesidades más acuciantes.
Pero también hay que tener los pies sobre la tierra. La represión al narcotráfico es imprescindible y debe hacerse con el máximo rigor, sobre todo cuando aún hay tiempo para tratar de combatir y erradicar esta plaga, pero no basta con sancionar a los narcotraficantes. La cuestión es sacarle clientela, formar a nuestros jóvenes y adolescentes de tal forma que sean capaces de resistirse y combatir la droga.
Y el único camino para lograr esto es mediante la educación. La lucha debe ser planteada desde la escuela.
Esta lucha pasa necesariamente por múltiples factores. Comienza por la represión dura, exigente y debidamente controlada para que la corrupción no la haga estéril como lamentablemente ha sucedido en muchos país.
Sigue por las sanciones legales, que también deben ser duras y capaces de desalentar a todo aquel que anda pensando en involucrarse porque es fácil y productivo.
También pasa por la situación económica de los sectores de menores recursos que muchas veces son tentados por los señores de la droga que efectivamente les proporcionan el dinero que no conseguirían trabajando en poco tiempo.
Pero la esencia de la posibilidad de éxito está en la educación. Que los niños sean alentados a formarse, motivados a enfocarse en el camino del estudio, de la formación técnica o profesional, dejando de lado todos los vicios que surgen del ocio, de la incertidumbre o de los falsos dioses que muchas veces les ofrecemos a través de los medios de comunicación masiva que hoy pregonan el triunfo fácil, el individualismo, el materialismo, como el camino indicado para nuestros jóvenes.
Hoy muchas veces les empujamos a intentar estas vías del “éxito” con poco esfuerzo. Con esta convicción lo único que vale es conseguir dinero, fama y poder, aún cuando muchas veces se deba arriesgar la vida, no sólo en el delito, sino también en apuestas o simplemente en carreras desenfrenadas promovidas por el alcohol o las drogas.
Cuando oímos los lamentos y los pedidos de mas “justicia” en casos de homicidios en el tránsito, por ejemplo, nos preguntamos si en algún momento nos hemos dedicado a analizar si no tenemos también nosotros parte de la responsabilidad en este problema.

El endurecimiento de las penas contra quienes comercialicen pasta base de cocaína, tema actualmente en discusión en el trámite parlamentario, admite dos lecturas. Por una parte, la necesaria condena a quienes no tienen el menor escrúpulo en introducir al país y prestarse a un aberrante comercio que destruye a nuestros jóvenes y por otro lado, la preocupación que incluso han manifestado fuentes del gobierno nacional, en cuanto a que algunas personas de los sectores más empobrecidos caen en este “negocio” que les ofrece plata fácil, llevadas por la necesidad precisamente de conseguir dinero para sus necesidades más acuciantes.

Pero también hay que tener los pies sobre la tierra. La represión al narcotráfico es imprescindible y debe hacerse con el máximo rigor, sobre todo cuando aún hay tiempo para tratar de combatir y erradicar esta plaga, pero no basta con sancionar a los narcotraficantes. La cuestión es sacarle clientela, formar a nuestros jóvenes y adolescentes de tal forma que sean capaces de resistirse y combatir la droga.

Y el único camino para lograr esto es mediante la educación. La lucha debe ser planteada desde la escuela.

Esta lucha pasa necesariamente por múltiples factores. Comienza por la represión dura, exigente y debidamente controlada para que la corrupción no la haga estéril como lamentablemente ha sucedido en muchos país.

Sigue por las sanciones legales, que también deben ser duras y capaces de desalentar a todo aquel que anda pensando en involucrarse porque es fácil y productivo.

También pasa por la situación económica de los sectores de menores recursos que muchas veces son tentados por los señores de la droga que efectivamente les proporcionan el dinero que no conseguirían trabajando en poco tiempo.

Pero la esencia de la posibilidad de éxito está en la educación. Que los niños sean alentados a formarse, motivados a enfocarse en el camino del estudio, de la formación técnica o profesional, dejando de lado todos los vicios que surgen del ocio, de la incertidumbre o de los falsos dioses que muchas veces les ofrecemos a través de los medios de comunicación masiva que hoy pregonan el triunfo fácil, el individualismo, el materialismo, como el camino indicado para nuestros jóvenes.

Hoy muchas veces les empujamos a intentar estas vías del “éxito” con poco esfuerzo. Con esta convicción lo único que vale es conseguir dinero, fama y poder, aún cuando muchas veces se deba arriesgar la vida, no sólo en el delito, sino también en apuestas o simplemente en carreras desenfrenadas promovidas por el alcohol o las drogas.

Cuando oímos los lamentos y los pedidos de mas “justicia” en casos de homicidios en el tránsito, por ejemplo, nos preguntamos si en algún momento nos hemos dedicado a analizar si no tenemos también nosotros parte de la responsabilidad en este problema.







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