No cedamos el paso a la desidia

Entre los periodistas que han estado abocados preferentemente a los temas ambientales, existe la convicción de que no pasarán muchos años, sin que esta temática se imponga en el interés popular por encima de cualquier otra.

Ni siquiera los consabidos problemas surgidos de las crónicas policiales que hoy ocupan la mayor cantidad de titulares de diarios e informativos en el planeta, habrán de eclipsar el interés popular por los problemas ambientales.

Hasta el momento tanto los gobernantes, como el resto de la dirigencia de las naciones y las grandes masas de consumidores han prestado muy poco interés a los temas ambientales.

Sólo cuando se sufren directamente las consecuencias de los desarreglos que  estamos haciendo en menor o mayor medida al sistema ambiental en que vivimos, nos damos cuenta, así sea por poco tiempo, de la enorme trascendencia que tiene en nuestra vida.

Lo peor de todo esto, es que vemos ganar terreno, una posición tan extrema como la anterior. De la pasividad de no prestar atención al tema, de dejar que se sigan acumulando las consecuencias negativas, estamos pasando a la convicción de que “a esto no lo cambia nadie” y “no hay nada que se pueda hacer, porque es cíclico y ya ha pasado antes…”.

Esta posición surge en forma alarmante y nos deja la impresión de que se trata de una nueva estrategia de los sectores que mayor interés tienen que no se haga nada, precisamente.

Esta desidia es la que precisamente debemos derribar.

El mensaje a dejar muy claramente es que aún se puede, a poco que no todos cinchemos para el mismo lado y no nos dejemos embaucar con artimañas o posiciones conformistas, que no hacen otra cosa que favorecer los intereses de quienes precisamente han destruido todo con su conducta ambiental irresponsable.

No se trata de alarmar innecesariamente con visiones poco menos que apocalípticas de la realidad ambiental. Se trata de concientizar para que seamos capaces de asumir a tiempo la responsabilidad que nos cabe.

Lo peor que podemos hacer en este tema es bajar los brazos, dejar que todo siga adelante sin la más mínima responsabilidad social.

Si no nos detenemos a ver que es esto lo que se está tratando de imponernos subrepticiamente, entonces tendremos pocas posibilidades de revertir el camino.

Por nosotros, pero también por los que nos sucederán, es hora de asumirlo debidamente.