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No debemos ignorarlo

Cuatro personas, tres de ellas mujeres y una cuarta varón, invadieron el estadio de Moscú apenas iniciado el segundo tiempo de la gran final del Mundial que disputaban Francia y Croacia el pasado domingo.
En principio el hecho no pasó de una anécdota, de un suceso como tantos que se registran en ocasión de las justas deportivas que son televisadas para un gran público.
Es más tenemos entendido que existe una disposición de FIFA que prohíbe o aconseja al menos evitar la difusión de estos hechos, porque precisamente lo que buscan sus autores es aprovechar la difusión de estos eventos para dar a conocer sus propios intereses.
Nadie puede ignorar esto, pero es necesario separar la paja del trigo. Lo ocurrido el pasado domingo tuvo una rápida difusión en las redes sociales, donde una organización que se atribuye la lucha por la defensa de los derechos humanos, se hizo responsable de la acción y no ocultó que aún a sabiendas del riesgo que correrían decidieron llevarla adelante, abogando por la liberación de los presos políticos en el país y en especial por un director de cine, quien purga condena en Rusia acusado de conspiración.
En posterior publicación el grupo reclamó además la libre competencia política en la Rusia que gobierna Putin y según se ha informado fueron condenados a 15 días de prisión por violar una ley de comportamiento en espectáculos públicos.
Ha sido una manifestación pacífica y lo que verdaderamente debe interesarnos, porque más allá del “robo” de cámara que suponen estas acciones, a toda persona amante de la libertad debe de preocuparnos la libre vigencia de estos derechos.
Sin lugar a dudas que son los pueblos los que deben resolver sus problemas particulares, pero a ningún ser humano amante de la libre expresión del pensamiento debe de dejar de interesarnos estos reclamos por la sencilla razón que cuando son legítimos son de interés de toda la humanidad y no nos gustaría que nos ignoraran si tuviéramos que hacerlos.
Así pensamos, así tratamos de obrar porque no creemos en la paz impuesta, la que siempre está determinada por quien tiene más poder y de alguna manera impone sus condiciones, sino en la justicia y en la paz que de ella emana.
A.R.D.