No destruyamos la casa de nuestros hijos

En la presente jornada se celebra el Día Mundial de la Tierra. Una jornada específicamente dedicada a tomar conciencia sobre la necesidad de preservar y proteger a la “pacha mamma” o madre tierra en el estado natural o las condiciones en que nos fue legada.
Hoy la contaminación, la extinción de varias especies y la destrucción, de distintas formas del planeta en que vivimos es lo que vemos a diario, sin que a nadie parezca importarle demasiado.
Cada vez son menos los científicos que dudan de la destrucción de la tierra en que vivimos. La polémica que años atrás era si el planeta estaba amenazado de destrucción o no, porque muchos consideraban que las modernas tecnologías podrían salvarle, hoy se traslada sólo a la cuestión del tiempo, vale decir “cuándo”.
Es que todo parece apuntar a esta “alegre” destrucción y de diferentes formas se compromete la supervivencia del planeta y con ello la de la propia humanidad.
No sólo la tierra, sino el agua y el aire están severamente comprometidos, la contaminación, la desertificación, el agotamiento de la fertilidad de la tierra son índices elocuentes. Estamos haciendo lo posible por terminar con los recursos naturales, cambiándolos por dinero y cueste lo que cueste, sean las que sean las consecuencias, seguimos adelante con esta destrucción.
El mundo sigue considerando que el éxito es la obtención de dinero, cuanto más se gane en el menor tiempo posible mejor, mayor “triunfo”.
Cierto es que hay varios movimientos e instituciones preocupadas por limitar o poner fin concretamente a estas políticas de exterminio, pero nos atrevemos a decir que lo que se ha hecho y se hace hasta el momento es muy poco y a todas luces insuficiente.
Medidas tibias, “para la tribuna”, medidas que hablan de buenas intenciones, como la decisión de cobrar por las bolsitas de nylon no reciclables que a diario contaminan la tierra por millones, no serán nunca suficientes ni eficaces para evitar el daño que se está haciendo día a día a nuestro planeta.
El mal uso de los agroquímicos, cuyos residuos van a la tierra y luego al agua, el abuso de los transgénicos, de los materiales no reciclables, el deterioro de la capa de ozono, son todos elementos que aparentemente nos preocupan, pero no somos capaces de ocuparnos eficazmente por detenerlos, de revertirlos, de evitarlos, sino que todos parecemos movidos por la misma “filosofía” del “hacé la tuya” que en buenos términos puede traducirse como “el hacé el máximo de dinero que puedas, sin importar el daño o las consecuencias que puedan causarse”.
A.R.D.







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