No endemoniar las redes sociales

Desde luego que actualmente vivimos en un mundo dominado por lo virtual, lo que se expresa y se repite a través de las redes sociales, sin que nos detengamos a analizar o revisar en profundidad quien lo dice, basado en qué pruebas, es lo más frecuente.

Hoy para tener idea de lo que expresamos basta con los siguientes ejemplos: la radiotelefonía necesitó casi 50 años para llegar a los 50 millones de oyentes. La televisión llevó casi 13 años para llegar a una cifra similar, sin embargo Facebook, superó esta cifra de usuarios en poco más de un año.
Lamentablemente en esta urgencia y en esta alocada carrera se hayan dejado por el camino varios aspectos positivos e imprescindibles de la comunicación.
Aún aquellos que acostumbramos revisar y chequear lo que se nos dice o afirma, usamos las redes sociales para saber qué es lo que se dice o se afirma.
En estas columnas nos hemos ocupado del tema de las redes sociales en muchas oportunidades y nunca de ninguna forma las endemoniamos, porque consideramos que se trata de una herramienta y como tal, depende para qué las usamos.
Más diríamos, una herramienta formidable, pero que como tal puede usarse en forma muy beneficiosa, como de hecho así se hizo o para hacer muchísimo daño, como lamentablemente también se lo ha hecho.
El aporte de las redes ha sido muy importante en algunos casos, sobre todo para alejarnos de la hipocresía y de la mentira, para romper con la opresión de “la verdad oficial”. Tanto es así que todo poder que pretenda imponerse a una población o a todo el orbe incluso su visión, lo primero que hace es ejercer dominio sobre las redes sociales. Lo que antes era la televisión u otros medios, ahora lo monopolizan las denominadas redes sociales, que son restringidas o suprimidas por el poder de turno que procura tener un dominio absoluto sobre ellas.
No pretendemos tener censuradas las redes sociales ni mucho menos prohibir el acceso a las mismas. Pero creemos sensato, responsable y necesario trabajar para hallar la forma de responsabilizar a quienes a sabiendas las usa para hacer daño.
No es tarea fácil y lo tenemos muy claro, pero al menos hay casos en que perfectamente se sabe de que tiendas provienen las falacias o difamaciones y es razonable adoptar sanciones en estos casos, porque se trata también de defender el buen uso y la correcta utilización de una formidable herramienta de comunicación.

A.R.D.