No es cuestión de cantidad, precisamente…

El pasado martes a primera hora de la mañana, cuatro encapuchados asaltaron una financiera en la zona capitalina del Cordón, Montevideo.
Sucede que a poco del hecho un patrullero divisa a un automóvil que coincidía con el denunciado, en el que se movilizaban los rapiñeros. Se inicia una persecución y termina cuando los delincuentes vuelcan el automóvil en el que se desplazaban.
Hasta aquí todo bien, pero lo que no cierra es que la Policía que venía en persecución no logra detener a ninguno de los rapiñeros que fugan en diferentes direcciones.
Esto es lo llamativo precisamente. Se supone que si se venía en persecución lo hacía a corta distancia y por más ligero que se produzca el abandono del coche que ocupaban los delincuentes, la maniobra les insume el tiempo más que suficiente para que la Policía capture por lo menos a alguno de los delincuentes.
Al escribir estas líneas aún no se tenía noticia alguna de los rapiñeros y no dudamos que se logre su captura posteriormente. Ahora bien, todos sabemos que no es lo mismo ni siquiera para la ley detener a alguien “in fraganti delito”, que detenerlo después, cuando muchas pruebas ya se borraron o desaparecieron y ni que hablar que el dinero robado no aparece jamás.
Horas más tarde cinco personas se desplazaban en un auto que luego se comprobó era robado. Al intentar identificarlos abrieron fuego contra el móvil policial y se entabló una balacera, de la que resultó muerto uno de los delincuentes, mientras los otros cuatro escapaban. En el interior del coche se hallaron pasamontañas, indicadores de las intenciones de los ocupantes del vehículo.
A nuestro entender esto habla un poco de la situación que tenemos planteada hoy en el país. Hay quienes entienden que faltan policías, aspecto que puede ser de recibo, pero tengamos claro que ni siquiera poniendo un policía por cuadra podríamos solucionar el tema, si los policías no han sido debidamente preparados para una tarea profesional, con riesgo de vida incluido.
No acusamos a nadie ni hacemos referencia a hecho concreto alguno, porque no conocemos los detalles, pero tenemos claro que no cualquier persona puede ser policía. No cualquiera es capaz de enfrentarse a delincuentes generalmente dispuestos a jugarse la vida. El policía generalmente tiene familia, tiene responsabilidades y es obvio que no quiere morir, mientras que los delincuentes no. Generalmente su familia está destruida están dispuestos a matar o morir y ni que hablar que confían en que no serán descubiertos.
Es un elemento a tener en cuenta, porque no se trata de cantidad de policías, sino de profesionalismo y otros aspectos que también juegan en este tema.
A.R.D.







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