No es cuestión de cifras

La NASA ha explicado que las posibilidades de que algunos de los fragmentos del satélite UARS cuya caída estaba prevista para ayer a la tarde, afectaran a alguna persona eran de una en 3.500 personas. Explicaban además que el riesgo de que cayeran sobre una persona en particular ya se remontaban a una posibilidad en billones.

Pero la primera aclaración que formuló la NASA, es que cuando se produjera el ingreso de los restos del satélite a la atmósfera terrestre, no estaría sobre los Estados Unidos.

La primera “tranquilidad” para los estadounidenses, cuya nación es la responsable en este caso de haber puesto en órbita al satélite que en estos momentos se precipita a tierra.

A salvo todos los habitantes de los EE.UU. el tema pasa a ser una cuestión de números. Casi como un acertijo. En el peor escenario, si llegara a causar daños o matar a alguien, “lo lamentaremos”, pero es el precio del desarrollo…

Si bien el riesgo de que los restos del satélite cayeran sobre la tierra estaba  descartado casi de plano, dado que las mayores posibilidades eran de que lo hiciera sobre el mar que constituye la mayor parte del planeta, nadie se animaba a afirmar que sería así.

Sólo se desliza en los medios un mensaje subliminal, exhortando a “no escandalizar” con el tema, cuanto más desapercibido pase mejor.

Sin embargo, Salto y el Norte uruguayo, tienen idea de lo que puede representar la caída de chatarra espacial, debido a que pocos meses atrás se produjo la caída de los restos de un satélite, posteriormente ubicado en campos de Artigas.

Esto significa que el riesgo de que caiga en una ciudad, en lugar del mar o el campo, es real.

Esto no es cuestión de números. Aún cuando afectara a una sola persona, sería una acción criminal, hay responsabilidad real y concreta, porque no se trata de un fenómeno natural, sino provocado, aún cuando no haya sido éste el propósito cuando se lo puso en órbita.

Por lo tanto, el tema de la basura espacial no es menor y requiere de un análisis exhaustivo y responsable, dado que no sabemos cuándo, ni qué de lo que hemos enviado al espacio nos caerá encima del planeta que habitamos.

Cuando esas líneas salgan a la calle la caída de este satélite al  menos ya será pasado. Esperemos haber estado vivos y sanos para contarlo y preparados para prestar debida atención a esta temática.