No es cuestión de números, sino de justicia y más equidad

De acuerdo a las estimaciones de Naciones Unidas, el mundo llegará el lunes próximo a los 7.000 millones de habitantes.

El hecho es importante en cuanto a la cifra en sí, porque indica un crecimiento importante, pero también constituye un desafío muy grande, debido a que tal como están actualmente  factores como la producción de alimentos y la distribución de la riqueza, el crecimiento demográfico significa más pobreza para los países pobres y también más preocupación para los países ricos que ven en riesgo algunos de sus privilegios.

En este caso, la mayor preocupación la constituye la poca cantidad de jóvenes que se incorporan al mercado laboral, hecho que pone en riesgo la supervivencia de los sistemas de seguros sociales.

Conjuntamente con el aumento poblacional está creciendo en todos lados el envejecimiento de las poblaciones. Hoy no llega al 50 %  la población mundial que tiene menos de 25 años. El caso de Uruguay es una muestra. Somos un país de viejos.

En tanto en los países más pobres, en especial en Africa, el crecimiento poblacional pone en punto crítico los sistemas de salud, el abastecimiento de agua potable y la alimentación.

Seguramente que el manejo adecuado y razonable de todos estos elementos constituye un desafío para el futuro de la humanidad, pero también es cierto que hasta el momento todo se maneja con un criterio exclusivamente económico.

No conviene que aumente el número de pobres en el mundo, porque la pobreza acarrea conflictos, los pobres reclaman derechos y acceso a un nivel de vida que se les muestra e incluso se les tienta a alcanzar, pero no se les da posibilidades de hacerlo, aunque se siga fomentando aquello de “tanto tenés, tanto valés”.

Alcanzar este nivel de cosas “justifica” para quienes así piensan absolutamente cualquier forma de obtenerlo incluso la violencia de las armas.

Formas para evitar este “riesgo” de crecimiento de la pobreza hay varias, pero las más notoria es la que fomenta el aborto, además de la exhortación a no engendrar hijos y para eso se promulga cualquier tipo de anticoncepción.

La ONU admite que “una planificación estable es un requisito indispensable para el crecimiento económico planeado y el desarrollo acelerado.

La población creciente obligará a hacer frente a problemas como la presión sobre el medio ambiente y ciudades en plena expansión.

El asunto de la población es crítico para la humanidad y para la Tierra. Y no se trata de una cuestión de espacio, sino de igualdad, oportunidad y justicia social”.

Verlo únicamente desde el ángulo económico es erróneo y deshonesto.