No estábamos tan errados…

En una nota editorial publicada en estas columnas la semana anterior y titulada “Cuando veas las barbas de tu vecino arder…” señalamos nuestra convicción de que Uruguay no está tan lejos de tener que lamentar el tipo de situación como la que vivió Argentina. Algunas voces se levantaron entonces para decirnos que alarmábamos, que no teníamos argumento alguno para sostener lo que decíamos.
Ahora bien, remitámonos solo a una muestra. La esquina de Rivera y Rincón desde hacía bastante tiempo tenía contratado un sereno que permanecía toda la noche en el lugar. El cometido de su presencia era fundamentalmente evitar robos en la zona, pero desde hace meses atrás se modificó el servicio, el que se hace esporádico.
Los ladrones que no duermen -al menos en las horas que lo hace la gente honrada –  han visto que ya no queda vigilante en el lugar y han aprovechado.  Días atrás un par de delincuentes que usaba capuchas y se trasladaba en moto, llegaron hasta un comercio del lugar y tras romper una gran vidriera robaron una computadora portátil.
Es probable que el daño causado en la vidriera haya sido tan grave como la pérdida por la sustracción.
Un poco más lejos de Salto, el propio presidente Mujica, recordó que en ocasión del último clásico del fútbol uruguayo, la policía decidió reforzar la zona del estadio Centenario, en prevención de los hechos violentos que se han registrado en ocasión de las últimos encuentros de fútbol clásico.
¿Que pasó entonces? Qué aumentó el número de rapiñas y robos cometidos durante las horas del clásico en otras partes de la ciudad.
Estos dos elementos son suficientes para reforzar la opinión vertida en estas columnas. Aquello de que “la ocasión hace al ladrón”, tiene plena vigencia. Seguramente si en nuestro país se diera una huelga policial con supresión de vigilancia en las calles, quedaríamos a expensas de los delincuentes.
Lamentablemente los males que aquejan a países vecinos pronto llegan al nuestro. Así lo indica la conformación de las denominadas “barras bravas”, copiadas de Argentina y la acción de encapuchados, estilo de grupo “Quebracho”, conocido por la violencia que ponen de manifiesto en cada una de sus manifestaciones en el vecino país.
De allí que entendemos que lo mejor que podemos hacer es tener muy claras las cosas. Las responsabilidades y sobre todo los riesgos que a veces pueden implicar los legítimos reclamos gremiales, cuando se trata de servicios esenciales y por lo tanto es necesario que asumamos que en este sentido el camino razonable es el diálogo, la concertación y el acuerdo en forma conciente y razonable, para no tener que lamentar hechos irreparables.

En una nota editorial publicada en estas columnas la semana anterior y titulada “Cuando veas las barbas de tu vecino arder…” señalamos nuestra convicción de que Uruguay no está tan lejos de tener que lamentar el tipo de situación como la que vivió Argentina. Algunas voces se levantaron entonces para decirnos que alarmábamos, que no teníamos argumento alguno para sostener lo que decíamos.

Ahora bien, remitámonos solo a una muestra. La esquina de Rivera y Rincón desde hacía bastante tiempo tenía contratado un sereno que permanecía toda la noche en el lugar. El cometido de su presencia era fundamentalmente evitar robos en la zona, pero desde hace meses atrás se modificó el servicio, el que se hace esporádico.

Los ladrones que no duermen -al menos en las horas que lo hace la gente honrada –  han visto que ya no queda vigilante en el lugar y han aprovechado.  Días atrás un par de delincuentes que usaba capuchas y se trasladaba en moto, llegaron hasta un comercio del lugar y tras romper una gran vidriera robaron una computadora portátil.

Es probable que el daño causado en la vidriera haya sido tan grave como la pérdida por la sustracción.

Un poco más lejos de Salto, el propio presidente Mujica, recordó que en ocasión del último clásico del fútbol uruguayo, la policía decidió reforzar la zona del estadio Centenario, en prevención de los hechos violentos que se han registrado en ocasión de las últimos encuentros de fútbol clásico.

¿Que pasó entonces? Qué aumentó el número de rapiñas y robos cometidos durante las horas del clásico en otras partes de la ciudad.

Estos dos elementos son suficientes para reforzar la opinión vertida en estas columnas. Aquello de que “la ocasión hace al ladrón”, tiene plena vigencia. Seguramente si en nuestro país se diera una huelga policial con supresión de vigilancia en las calles, quedaríamos a expensas de los delincuentes.

Lamentablemente los males que aquejan a países vecinos pronto llegan al nuestro. Así lo indica la conformación de las denominadas “barras bravas”, copiadas de Argentina y la acción de encapuchados, estilo de grupo “Quebracho”, conocido por la violencia que ponen de manifiesto en cada una de sus manifestaciones en el vecino país.

De allí que entendemos que lo mejor que podemos hacer es tener muy claras las cosas. Las responsabilidades y sobre todo los riesgos que a veces pueden implicar los legítimos reclamos gremiales, cuando se trata de servicios esenciales y por lo tanto es necesario que asumamos que en este sentido el camino razonable es el diálogo, la concertación y el acuerdo en forma conciente y razonable, para no tener que lamentar hechos irreparables.